Capítulo 8

Me empecé a poner nervioso. ¿Qué querría? Se acercó a mí y se sentó en el banco, a mi lado. Me quedé petrificado.
-¡Hola!-saludó sonriéndome con unos dientes blanquísimos.
-Hola, ¿te conozco?-musité con la mirada baja y las mejillas sonrosadas.
-Sí, vamos a la misma Facultad. Tú, eres Mike y yo Clara-me explicó como si yo fuera algo tonto.
¿Cómo sabía quien era? Parecía ir con ventaja.
-¿Cómo sabes mi nombre?-pregunté mirándola con los ojos entornados.
-Miré en las listas y supuse que tú serás Mike Romson-dijo sonriendo.
-Pues acertaste-dije, receloso.
-Ya lo sabía. Siempre acierto-dijo elevando la cabeza altivamente.
-Lo siento, me tengo que ir-dije levantándome.
-Espera, espera, no te vayas. ¿Aquella chica era tu novia?-preguntó.
Me giré. ¿Qué le interesaba que fuera mi novia? ¡Eso era asunto mío! Comencé a enfadarme.
-Si, es mi novia. ¿Por?-contesté de mal humor.
-Por saber, no te vayas, siéntate un rato-obedecí aunque quería marcharme enseguida.
-¿Qué quieres saber?-le dije, mostrándome arisco.
-¿Eres americano, no?-dijo retorciéndose un mechón de su dorado cabello y mirándome de una forma extraña.
-Sí, de Nueva York.
-¡Oh, qué bonito lugar!-empezó a parlotear y yo dejé de hacerle ningún caso.
Recé para que mi móvil sonara y pudiera marcharme de una vez.
-¿Te pasa algo conmigo?-preguntó directamente.
-No, nada…-me excusé torpemente.
-Con tu novia parecías más hablador-soltó con descaro.
¡Normal, por algo es mi novia! Estuve tentado de decirle pero callé.
-Bueno, chao, supongo que estarás deseando librarte de mí-dijo con voz lastimera a la vez que se levantaba.
-¡Espera!-le grité mientras ella se alejaba. Me sentía culpable. Había sido muy borde con aquella chica que no me había hecho nada malo.
-¿Qué quieres?-preguntó mientras sus ojos verdes se iluminaban.
-Lo siento, he sido un borde, créeme normalmente no soy así…
-Te creo-se acercó a mí con calma.
Su boca se acercó peligrosamente a la mía hasta que, bruscamente, hizo un quiebro y me besó la mejilla.
-Adiós-susurró a la vez que me guiñaba un ojo.
Me quedé mirándola, petrificado. ¿De qué iba esa chica? Sacudí la cabeza y me marché del paseo marítimo.

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