Capítulo 7

Después de fregar me tiré en el sofá. Las dudas me inundaron de nuevo pero no les hice sitio en mi mente. Abrí el ordenador y entré a mi Facebook. Comprobé todo y estuve charlando con algunos amigos del instituto. A media tarde me desconecté y apagué el ordenador. Me calcé y decidí ir a dar una vuelta por Barcelona. Mis pasos me guiaron al paseo marítimo donde la brisa salada me envolvió por completo. Me senté en el banco donde había estado con Abril. Respiré hondo. Me gustaba el mar. Sentir la brisa fresca alborotar mi pelo, no ver el fin del inmenso océano que se extendía ante mí recordándome lo insignificante que era yo en este mundo. Resultaba casi cómico ver lo pequeños que éramos en este enorme mundo y lo importante que puedes llegar a ser para alguna gente. Mi móvil sonó. Lo saqué del bolsillo con rapidez deseando acallar la música que había interrumpido la calma que se respiraba en el aire y llenaba el lugar de un ambiente pacífico. Era Abril.
-¡Hola!-la saludé con alegría.
-Hola, Mike-dijo antes de soltar un hondo suspiro y sumirse en un largo silencio que me vi obligado a interrumpir.
-¿Qué pasa?-pregunté, algo receloso.
-Nada, solo quería hablar contigo-musitó.
-Pues habla rápido que tengo a los accionistas de Wall Street por la otra línea.
Rió. Sonreí. Me encantaba esa risa.
-Pues, bueno, entonces te dejo-mi respiración se aceleró hasta que me percaté de que hablaba de colgar en el teléfono.
-No, si ya han colgado. La bolsa ha bajado dos puntos-me lamenté.
-¡Qué pena! Y todo por mi culpa-exclamó.
-Sí, esto no te lo perdono-reí.
-¿Dónde estás?-me sorprendió el repentino cambio de tema.
-En el paseo marítimo ¿por?
-Por que si me queda cerca bajo un rato. Total, no estaba haciendo nada. Estoy en casa de mis padres que se han tenido que ir y no tengo nada mejor que hacer.
-Muy bonito, muy bonito-dije con aire pensativo.
-¿Qué es bonito?
-Pues bonito es un adjetivo que se utiliza…-continué bromeando.
-¡Mike!-gritó a través del teléfono.
-Ah, ya sé a que te refieres. Que me llames cuando te aburres-dijo haciéndome el enfadado.
-Hombre, si no ¿para que te quiero?-rió.
-¿Solo me quieres como novio para cuando te aburres?-exclamé con aire horrorizado.
-Si, si. Bueno, quédate donde estás que ahora bajo-se apresuró antes de colgar el teléfono.
Suspiré mientras guardaba el móvil. Esperaba que no tardara mucho… Me acomodé en el banco. Cerré los ojos durante unos instantes. Los abrí y saqué otra vez el móvil y empecé a jugar al Tetris. ¡Maldito juego! No había quien lo terminara. Suspiré exasperado a la vez que levantaba la mirada. Una chica me estaba mirando fijamente con una pícara sonrisa en el rostro. Era rubia, de ojos verdes, alta y bastante guapa. Tendría mi edad, más o menos. Iba vestida con una camiseta muy escotada y una falda bastante corto junto con unos zapato de tacón. Me saludó con la mano. Le devolví el saludo a la vez que apartaba la mirada. ¿La conocía de algo? Lo dudaba. Elevé la vista buscando a Abril. No aparecía y la chica esa seguía mirándome y sonriéndome. Me sonrojé. ¿Faltaba mucho para que Abril apareciera? Miré a ambos lados evitando la mirada de aquella muchacha. Miré el móvil concentrándome de nuevo en el juego pero acabé por dejarlo al par de minutos. La chica seguía allí, mirándome con esos ojos verdes, fijamente, sin apartar la mirada un instante. Hizo gesto de acercarse. No supe que hacer pero, por suerte, Abril me sacó del embrollo. Suspiré y me acerqué a ella.
-¡Hola!-por su rostro se extendió una sonrisa aunque tenía el ceño ligeramente fruncido.
-¡Hola, chica mala que llama a su novio cada vez que está aburrida!-dije alborotándole el pelo mientras sonreía.
Me dirigió una mirada asesina aunque sonrió mientras nos volvíamos a sentar en el banco.
-¡Calla, calla que aún tengo que llamar a Rachel!-me amenazó.
Callé al instante.
-Mira, ¡que fácil es chantajearte!-se jactó.
-No, ya, para ti es muy fácil.
-Lo sé-dijo poniendo un gesto de chulería.
-No chulees tanto que…
-¿Me amenazas otra vez?-dijo sacando el móvil y pasándolo por delante de mi cara.
-No, señorita-dije poniéndome firme y fingiendo una voz militar.
-Así me gusta-sonrió.
Mi vista se dirigió hacia la chica rubia de antes. Seguía en el mismo lugar, con el ceño fruncido, mirándonos descaradamente. Abril me miró con expresión de enfado.
-¿Qué pasa?-me espetó siguiendo la dirección de mi mirada.
-Nada, nada…--me disculpé torpemente. No quería que pensara que me interesaba por otras.
-Ya, seguro…-dijo en tono de enfado.
-¡Te estoy hablando en serio!-exclamé en un tono de voz tal vez demasiado alto. ¿Cómo podía pensar que me interesaba por otra?
Apartó la mirada y no respondió. Estuvimos un rato en silencio. Yo, mirándola y ella con la cabeza gacha.
-Lo…-comenzó a decir ella a la vez que yo.
-Per…
-Habla tú-dijo, levantando al fin la mirada.
Me encogí de hombros y empecé a hablar.
-Perdón, no debería a ver sido tan cortante-me disculpé.
-Yo soy la que tiene que pedir perdón. Pensé que…-no terminó la frase pero entendí a que se refería.
-No pasa nada-le acaricié el rostro antes de besarla.
Cuando nos alejamos habló.
-Gracias-susurró.
-¿Por?-me extrañé.
-Por estar siempre a mi lado.
-De nada-dije-Además no siempre estoy a tu lado. Hay veces que no estamos juntos.
Sacudió la cabeza.
-¿Cómo tienes esa capacidad de romper la magia de los momentos mágicos?-me reprochó.
Me encogí de hombros y le contesté.
-Nací así.
-Ah, yo pensaba que practicabas-se echó a reír. Miró el reloj y se levantó, apurada-Me tengo que ir. Mis padres llegarán ahora.
Se inclinó y nos besamos.
-Hasta mañana-la despedí.
-Chao-dijo, distraída.
Mientras casi corría hacía su casa. Permanecí sentado mientras observaba como se marchaba. Cuando solo fue un borrón en la distancia aparté la mirada y vi que la chica de antes me miraba, se levantaba y se acercaba.

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