Capítulo 20

Los días fueron pasando. Los árboles comenzaron a perder sus hojas y el frío aumentó. Todo parecía ir más o menos bien. Claro, teníamos nuestros pequeños problemillas pero, más o menos, todo salía bien. Clara seguía intentando algo pero yo no le prestaba atención y me alejaba de ella en cuanto se acercaba, no quería problemas, aunque tratas de evitarlos ellos siempre vuelven. Eso me quedó más que demostrado. Un día, Abril me llamó y me dio una fecha. Sería el día que conociera a sus padres. Faltaba menos de una semana. Los nervios aumentaron aunque Abril me aseguraba que todo iba a ir a la perfección. A la una de la tarde, cuando yo ya estaba perfectamente vestido y arreglado, Abril vino a buscarme. Dijo que prefería que fuéramos juntos y eso me ayudó porque si no hubiera estado todo el camino comiéndome la cabeza.
-¿Estás nervioso?-me preguntó.
-¿A ti que te parece?-¿no era evidente?
-Lo hemos hablado mil veces…-se quejó.
-Bueno, pues ahora lo hemos hablado mil y una.
-Si mis padres son muy majos-añadió.
-¡Contigo! Porque eres su hija y yo soy el novio al que mataran en-miré el reloj-veinte minutos.
-A mí tus padre no me mataron-observó.
-Eso es diferente. Los padres siempre son más protectores con las hijas-me miró con escepticismo-Lo sé de primera mano. Tengo una hermana y lo he comprobado.
-Pero yo no tengo hermanos.
-Aún peor. Son más protectores.
Movió la mano instándome a callar. Ya casi estábamos en el portal de sus padres. Me había dicho donde quedaba, no demasiado lejos de su casa. <<Signo de protección>>, pensé pero no dije nada en voz alta. Subimos.
-Todo saldrá bien-susurró en mi oído antes de darme un corto beso.
Abrió la puerta principal.
-¡Hola!
-¡Hola!-una señora se nos acercó. Tenía el pelo y los ojos oscuros iguales a los de Abril. Se parecía mucho-Soy Ariadna-me dio dos besos.
-Yo soy Mike aunque creo que eso ya lo sabe-intenté hacerme el gracioso pero fracasé en el intento.
-¡Juan! Ven aquí que ya llegó el novio de Abril-no levantó demasiado la voz. Me pareció que eran unos padres estrictos y que debía huir en ese mismo instante para conservar la vida. Me quedé en el mismo sitio donde estaba.

Las paredes estaban pintadas del, más que típico, vainilla claro y el recibidor estaba vacío de muebles. Solo había un par de cuadros del mar y el monte no demasiado originales.

Un hombre entró en el lugar. Era fuerte y algo gordo. Tenía el pelo negro y los ojos oscuros. Llevaba bigote.
-Hola-lo dijo con desgana y me dio otra razón más para pirarme en ese mismo instante.
Abril tiró de mi mano. Tragué saliva y la seguí. Me llevé una gran sorpresa al comprobar que no me llevaban a la sala de tortura. Aquella amplia estancia era el salón. Los sofás eran de color marrón oscuro, de cuero, a juego con las alfombras y los sobrios cuadros. Nos sentamos. Se produjo un incómodo silencio.
-Enseguida comeremos-dijo Ariadna apartándose el pelo de la cara.
Empecé a inquietarme. Demasiado silencio para mi gusto.
-¿Qué tal, mamá?-preguntó Abril tratando de romper el hielo.
-Muy bien. ¿Y tú?-me miró cuando lo dijo.
-Genial-me apretó la mano con fuerza.
-Nos alegramos-dijo su padre.
-Vayamos a comer-interrumpió su madre.
Abandonamos la sala y entramos al comedor. La comida estaba enfriándose. Abril me guió hasta mi sitio, al lado del suyo. La madre de Abril nos sirvió cocido catalán. Estaba muy rico.
-¿Y qué estás estudiando?-preguntó el padre.
-Antropología.
-Humm-murmuró la madre de Abril con aparente disgusto. Se ve que no le gustaba la Antropología.
-¿Tus notas son buenas?
-Lo suficiente para haber conseguido una beca para venir desde Estados Unidos-contesté casi a la defensiva.
Juan me miró elevando las cejas en un gesto de lo más gracioso.
-¿A qué se dedica usted?-pregunté.
-Médico-contestó con orgullo.
-Yo era cocinera. Lo dejé cuando tuve a Abril-explicó.
Miré a Abril que observaba su plato fijamente.
-¿Terminasteis?
Asentí y le tendí mi plato. Abril hizo lo mismo. Ariadna se levantó y llevó los platos a la cocina. Trajo el postre, flan con nata. Lo comimos.
-¿Quiere ayuda para llevar los platos a la cocina?-ofrecí.
-No, gracias. Ya me ayuda Abril, ¿verdad, cariño?-dijo con una sonrisa.
-Sí, mamá.
Me acarició el pelo antes de marcharse. Suspiré. Ahora era cuando me mataban. Me serví agua. Bebí con avidez. Juan me miraba fijamente. Disimulé mirando unas fotos familiares. En casi todas salía Abril.
-Chico, ten cuidado. Como le hagas daño a mi hija…-no me miró cuando lo dijo con toda la calma y parsimonia del mundo.
¿Sería de alguna mafia? Algo de pinta tenía.
-No lo haré-musité.
¡Lo que me faltaba! Buscarme problemas con la mafia. Aunque no estábamos en Italia, quedaba muy cerca y los mafiosos podrían llegar en un par de horas. La voz de Abril me llegó desde la cocina. Estaba hablando muy alto, discutiendo tal vez. Una puerta se cerró y las voces cesaron.
El silencio se apoderó del lugar. Abril y su madre aparecieron de nuevo. Abril tenía cara de enfado.
-Mamá, papá, nosotros nos vamos-dijo-Adiós-le dio un beso a su padre y otro a su madre y me indicó que me levantara.
-Encantado y muchas gracias. Adiós-dije cuando Abril se acercó para que nos marcháramos enseguida. Caminó veloz sin darles tiempo a sus padres a decir nada. Cerró de un portazo.
-¿Estás enfadada?
-¡No!-gritó.
-Cualquiera lo diría…
-Lo siento-musitó agachando la cabeza.
-No pasa nada.
La besé, me devolvió el beso con desespero. Noté su enfado pero no se lo mencioné.

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