Capítulo 18

Estaba preocupado. Preocupadísimo. Muy preocupado. Sentí una presión en el pecho y un tremendo escozor en los ojos. No era capaz de estar quiero dos segundos en un mismo lugar. Quería hablar con Abril, sentía que no todo estaba dicho ni, mucho menos arreglado. Pensé en llamarla pero no me atreví. En su lugar, llamé a Jake.
-¡Hola, Mike! ¡Cuánto tiempo! Se te echa de menos-dijo muy alegre.
-Hola, Jake. Yo también os añoro-no fui capaz de no sonar más triste que alegre.
-¿Qué te pasa?
Le conté todos mis problemas, mis dudas, mis inseguridades. Cuando terminé Jake dijo:
-Tío, yo no entiendo demasiado de estos temas pero a mí me parece que ella te quiere y sobre la Clara esa deberías alejarte de ella. Olvídate de Diego y continúa como si nada, lo que tenga que ser será.
-¡Qué filósofo!-me burlé aunque sus consejos me ayudaron en gran medida.
-Adiós, quedé con Rachel-se despidió.
-Hasta luego-musité.
Sacudí la cabeza y decidí hacer lo que Jake me dijera. A veces podía ser bastante idiota (normalmente) pero tenía sus momentos de lucidez.
A la mañana siguiente, nada más despertar, llamé a Abril.
-Hola-musitó, adormilada.
-Hola-suspiré. Me estremecí al oír su voz.
-¿Qué quieres tan temprano?-murmuró.
-Hablar-hice una pausa-Quiero verte.
-¿Ahora?-preguntó.
-Si, ¿puedo?
-¿Dónde?-accedió.
-¿Mi casa o la tuya? Con el día que hace…-llovía a cántaros y el frío se colaba a través de las juntas de las ventanas.
-En la mía. No tengo ganas de salir.
-¿En cuánto me duche y desayune voy?
-Perfecto. Hasta ahora-colgó.
Miré el teléfono, pensativo. Me duché y me vestí con unos vaqueros, una camiseta básica con una sudadera por encima, unas deportivas que no cogieran agua y cogiendo mi paraguas me marché.
Llegué a su casa. No me mojé demasiado, gracias al paraguas. Me besó, fue un beso corto y tímido. Parecía triste. ¿Por qué?
-¿Desayunaste?
Negué con la cabeza. Me condujo a la cocina y preparó café con leche.
-Yo tampoco.
-¿Qué te pasa?-pregunté mientras la leche se calentaba lenta pero inexorablemente en el fuego.
-Nada-mintió.
-No me engañas.
No replicó. En un instante en que nuestras miradas se cruzaron un sentimiento me recorrió. Un escalofrío hizo temblar mi cuerpo de arriba abajo. Había algo en su mirada. Algo que no estaba acostumbrado a ver. Desolación. Un nudo se formó en mi garganta. Me tendió uno de los tazones repletos de café con leche. Miré la taza. Era de color verde claro. Acaricié el asa con el dedo y di un sorbo. Me quemé la lengua. Hervía.
-Muy bonito, ahora quieres abrasarme.
Sonrió. Fue una sonrisa triste y cansada.

Tragué saliva. A continuación, respiré hondo. No quería discutir pero debía decir lo que pensaba. Abril se me adelantó.
-Lo siento.
-¿El qué?-me hice el tonto.
-Todo. Sé que soy un poco tonta por no fiarme de ti y sé que tenemos que hablar y sé que…-comenzó a quedarse sin aire y a abrir la boca en busca de aire.
Apoyé uno de mis dedos en sus labios, obligándola a callar.
-No pasa nada-susurré-Olvídate de los errores del pasado, solamente piensa en nuestro presente y nuestro futuro-recalqué el posesivo.
-Te quiero-musitó.
-Pues eso es lo importante-reafirmé con una sonrisa.
Me abrazó muy fuerte, casi haciéndome daño.
-¡Controla tu fuerza, increíble Hulk!-bromeé, tratando de quitar hierro al asunto.
-¿Nos vamos a dar una vuelta?-preguntó con los ojos brillantes.
Asentí y me senté en el sofá a jugar al Tetris en mi móvil mientras esperaba que se arreglase. Al par de minutos ella salió de su habitación, indicándome que nos fuéramos.
-¿Algún sitio en concreto?-pregunté.
-No. Vayamos por ahí y olvidémonos de todo.
-Buena idea-asentí con una sonrisa.
Caminábamos abrazados, mi brazo sobre sus hombros y el suyo rodeando mi cintura.
-¿Aquéllos no son…?-se calló a media frase.
-¿Quiénes son?-dirigí mi vista hacia el lugar donde ella miraba.
Dos chicos de unos dieciséis y catorce años, más o menos, caminaban con unas chicas. Ellos eran muy morenos, con el pelo revuelto y los ojos oscuros. Me resultaron familiares. El mayor llevaba una chaqueta de cuero negra y gesticulaba ostentosamente con las manos mientras narraba algo. El otro reía y asentía mirando continuamente a una chica de las que los acompañaba.
-Son los hermanos pequeños de Diego.
Un rayo me fulminó en ese preciso instante. O eso creí. Siempre él. Suspiré, rogando a un Dios poco piadoso que no se nos acercaran.
-¡Hola, hola!-gritó el mayor mientras sacudía el brazo derecho con tanta furia que pensé que terminaría por dislocársele un hombro.
Abril se acercó.
-¡Hola, Daniel!-saludó al mayor-Y Dilan, claro-dijo viendo el repentino mohín del hermano menor por ser relegado a un segundo puesto.
-¡Cuánto tiempo!-habló el mayor, bueno, mediano. Parecía tener don de lenguas, o sea que era un vende-motos. Me miró por encima del hombro, tratando de intimidarme. El ambiente se tensó como un hilo.
-Sí, mucho…-su mirada se tornó una mezcla de melancolía, enfado y algo más. ¿Qué pensaría para tener esa mirada?
-¿Qué tal todo?-añadió viendo que Abril no iba a añadir nada más.
-Pues bastante bien-sonrió.
Dilan susurró algo a Daniel que me escrutó en silencio. Si antes el ambiente era tenso si eso fuera un hilo ya habría roto por la tensión.
-¿Él es el famoso Mike?-soltó de sopetón el vende-motos.
-Sí, es él…-susurró. Me pareció que habían hablado bastante con Diego.
-Encantado-dijo el pequeño tendiéndome la mano y consiguiendo que su hermano lo fulminase con la mirada. La retiró velozmente.
-¿Puedo haceros una pregunta?-intentó disolver la tensión Abril-¿No tendrías que estar en el instituto?
Daniel y Dilan se miraron. Pillados.
-Bueno…-dijo Dilan mirando desesperadamente a su hermano. Las chicas, que hasta el momento permanecieran en silencio, rieron.
-Esto… hoy nos hemos tomado el día libre-dijo el vende-motos mirando al suelo.
¿Día libre? En resumidas cuentas, se saltaron las clases, hicieron pellas, campana o como le quisieran llamar. Arqueé las cejas, escéptico.
Abril se percató y rió. Los hermanos la miraron enfadados.
-Como se lo cuente a Diego…-amenazó y ellos intercambiaron una mirada cómplice.
Yo, personalmente, prefería que no se lo contara. Por mi integridad física. El vende-motos tenía pinta de tener un buen gancho de derechas. Y yo no era demasiado bueno en boxeo.
-¿Podemos hablar un minuto?-preguntó respetuosamente Daniel. Abril movió la mano dando a entender que lo dijese de una vez-A solas.
-Te esperaré en la esquina-musité con cierto enfado.
Me dirigió una mirada en la que me pedía perdón por el encontronazo pero me hice el tonto. Tampoco tuve que fingir mucho. Cuando llegué a las esquina los miré. Daniel gesticulaba con las manos, mostrándose enfadado pero inmovible. Abril negaba con la cabeza. Parecía estar sufriendo. Golpeé con el pie en el suelo, intentando de aplacar el nerviosismo. A los diez minutos, después de muchos gestos por parte del vende-motos, Abril se despidió de ambos y de las jóvenes. Les alborotó el pelo con cariño y a ella les dio dos besos. Se acercó a mí.
-Vamos-me apresuró.
Mientras caminábamos reuní el valor suficiente para preguntar.
-¿Puedo saber de qué hablabais?-me miró, sorprendida.
-Esto… hablábamos…-comprendí que el asunto no lo debía saber.
Me molestó que no confiara en mí pero me alivió porque, seguramente no me gustase.
-Déjalo, da igual. No me interesa-dije, tal vez demasiado brusco.
-Mike, yo…
-Para-la silencié-No son temas en los que deba meterme. Si no me quieres contar algo, estás en todo tu derecho. Soy un cotilla-sonreí.
-No es nada malo, créeme.
-Tranquila, te conozco y te creo.
Me besó con cariño, ternura y pasión.

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2 Responses to Capítulo 18

  1. q monos son stos 2 d verdad!! me enknta Mike,puff, yo kiero uno así dios mío... joo siguiente ya!! q intriga saber d q habrán hablado...

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  2. Por si te apetece leer una novela fresca, con mucho buen rollo y amor, te invito a mi historia, que subo diariamente a mi blog: http://loveblognovela.blogspot.com/ Gracias de antemano y ¡espero que la disfrutes! :)

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