Capítulo 26

Al día siguiente madrugué. Me levanté, me duché y preparé el desayuno para todos. Mis padres y Rachel se levantaron y se sorprendieron bastante de que yo hubiera hecho el desayuno, sonreí.
-Pareces que has cambiado-dijo mi madre-Has aprendido a hacer el desayuno sin quemar, tostar, incendiar nada.
Me reí.
-Sí, si no ya tendríamos que haber llamado a los bomberos-añadió mi padre.
Se lo agradecí inclinando la cabeza.
-¿A dónde vas a ir hoy?-preguntó mi madre intuyendo que no pensaba quedarme en casa.
-Pues tenía pensado quedar con algunos amigos.
-¿A qué hora quedaste?-preguntó mi padre-Si es dentro de poco te acerco yo antes de ir al trabajo.
-No, no hace falta, prefiero ir caminando.
-Está bien-dijo encogiéndose de hombros y levantándose de la mesa.
-Ya te vas ¿no?-musitó Rachel con la mirada perdida en el café con leche que tenía frente a ella.
-Sí, cariño. ¿Por qué?
-Por nada-dijo con aire alicaído.
MI padre volvió a encogerse de hombros le dio un beso en la mejilla a mi madre, una a Rachel en la cabeza y, por último, me alborotó el pelo.
-Hasta luego, pasáoslo bien.
Le despedí con un gesto de la mano y miré a Rachel. ¿Estaba bien? No tenía buen aspecto. Mi madre se levantó y fue a hacer las cosas de la casa encargándonos que fregáramos las tazas del desayuno.
-¿Te encuentras bien?-pregunté.
Se encogió de hombros y se apartó un mechón de pelo de la cara.
-Bueno, me duele la pierna de ayer.
-¿Quieres ir al médico?
-¡Qué va!-dijo con inseguridad.
-Venga, que te acompaño.
-No, gracias-dijo apartando la vista.
-Que sí-insistí.
-¡Te he dicho que no!-gritó.
-Vale, haz lo que quieras-me encogí de hombros y seguí fregando.
El silencio se impuso, solo se oía a mi madre desafinar en el salón y el ruido del agua junto con el golpe de los cuchillos, vasos y platos al chocar entre sí.
-Lo siento, no quería ser tan borde-se disculpó en voz baja.
-Si que querías ser tan borde.
Soltó una risita.
-Sí, que bien me conoces.
Sonreí y guardé los platos en la alacena.
-Si no quieres ir me voy ya…
-Vete, no te preocupes.
Guardé todo, me despedí de mi madre y salí de casa. Cuando llegué al portal tuve que subir de nuevo porque me había olvidado las llaves. Las recogí de mi habitación y, esta vez si emprendí mi camino. Fui a Central Park donde había quedado con mi pandilla de amigos del instituto. AL acercarme al banco donde me había besado por primera vez con Abril sonreí. La añoraba, por la tarde la llamaría.
-¡Hola!-gritaron mis amigos y sacándome de mis ensoñaciones.
-Hola, cuanto tiempo.
-Sí, demasiado.
-¿Qué tal por Barcelona?
-¿Y el idioma?
-¿Antropología?
-¿Tienes ya novia?
Fui contestando a todas las preguntas y hablé con todos y cada uno de mis amigos.

Al cabo de unas horas volví a casa. Rachel seguía en ese estado extraño y nada común en ella.

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