Capítulo 40

Abril:

Me marché con desconcierto. No había ningún indicio de Clara, ni fotos, ni recuerdos, ni cosas femeninas, ni ella misma. ¿Habrían roto? Podría ser, él se merecía algo mejor. Aunque, ¿quién era yo para juzgar? Él me había dejado, si le habían dejado que se aguantara. Pensaba con enfado, el desconcierto inicial se había evaporado dejando ira y rabia a su marcha. Suspiré en silencio, entré en mi coche y cerré los ojos. Ya debería de haberlo superado, no debía permitir que me afectara tanto. Tenía que olvidarme, era un trabajo más. Lo haría, impecable como siempre, volvería a Barcelona y seguiría con mi vida. Pero ¿cómo podría continuar con mi vida? Él había sido la persona a la que más quería y lo había perdido. Habíamos quedado al día siguiente. ¿Qué había sentido Mike? ¿Lo mismo? ¿Nada? Seguro que ya se había olvidado de mí, él podría salir con la chica que quisiese. Con su pelo rubio, sus ojos azules, su sonrisa y su personalidad. Recordé todas las veces que me había hecho reír, sus gestos cariñosos, su forma de defenderme, todo. Cada instante juntos era mágico solo por haberlo pasado con él. Momentos en Manhattan y Barcelona, en Central Park, en la heladería Mc Gregor, en el Jardín Botánico de Brooklyn, en el cine, en Long Island, paseando por cualquier lugar, en el paseo marítimo de Barcelona…

Encendí el coche y conduje hasta el hotel. Entré en la habitación en la que dormía. Cerré la puerta y me dejé caer en la cama. Saqué mi móvil y llamé a Rachel, era la única con la que podía hablar.
-¡Hola!-exclamó con alegría.
-Hola-dije.
-¿Pasa algo?-preguntó antes de mandar callar a alguien.
-Me he encontrado con Mike.
Permaneció unos segundos en silencio, casi pude imaginar su expresión de sorpresa.
-¡Espera, espera! ¿Estás en Salamanca?
-Sí.
-¿Y se puede saber qué haces allí?
-Tengo que hacerle una entrevista a tu hermano.
-¿Y qué te ha dicho?
-Sólo ha contestado a las preguntas.
-Ah…-se quedó pensativa.
-¿Puedo preguntarte una cosa sobre Mike? ¿Está con Clara? ¿O con otra persona?
Noté que dudaba.
-No hace falta que contestes-me apresuré a añadir.
-No creo que pase nada si te lo digo… No.
-¿En serio?
-Sí, después de ti creo que no ha estado con nadie, o al menos no el tiempo suficiente para contárnoslo.
-¡Oh!-exclamé llena de sorpresa.
-¿Qué piensas?
-Nada, no lo sé…
-No te preocupes. Tengo que colgar-se apresuró a añadir.
Asentí y colgué.

Ya no sabía ni que pensar ni que hacer.

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