Capítulo 33

Dudaba si hablar con Abril sobre Diego. Dudaba de lo que ella sentía. Yo mismo la había escuchado decir que estaba confundida. ¿Ella dudaría? Tenía que abordar el tema en algún momento pero no me sentía con ánimos. Antes quería estudiar en Barcelona porque era una muy buena Universidad. Pero, si Abril me dejaba, ¿qué haría? Estaría completamente solo. Bueno, estaba Clara pero, yo no sentía nada hacia ella. Era una amiga y punto. Ahí terminaba la cosa. Y no una amiga con la que me divirtiera, no, si ni siquiera estaba a gusto a su lado. Tal vez porque tenía miedo de los celos de Abril o de Clara, que no era trigo limpio, mi intuición me lo decía. Abril me llamó. Quería saber que tal estaba y si me apetecía quedar. Acepté y le pregunté si podíamos quedar en mi casa porque todavía estaba agotado. Demasiada emoción para mi gusto. Demasiado tiempo pensando lo mismo. Demasiado tiempo sin estar seguro de cosas demasiado importantes para dejar pasar. Demasiado tiempo sin verla.

El timbre sonó. Me levanté del sofá donde estaba viendo el reality show de Paris Hilton (sí, a lo que llega uno cuando no le apetece hacer nada) y abrí. Abril estaba en la puerta, con una sonrisa y una bolsa en la mano derecha. Llevaba unos vaqueros y un grueso jersey por debajo de un grueso abrigo azul. También vestía una bufanda y un gorro de un azul ligeramente más claro. Me sonreía con afabilidad y sincera alegría. Le devolví la sonrisa y le indiqué que pasara.
-Espérame en el salón-dije, desapareciendo tras la puerta de mi habitación
Rebusqué en mi mochila. ¿Dónde lo había guardado? En Barcelona estaba de eso estaba seguro. Hundí el brazo hasta el fondo y toqué una cajita envuelta en papel, la saqué. Regresé al salón. Me senté en el sofá y me incliné sobre Abril. Con mis dedos, le aparté un mechón de cabello que caía sobre su cara. Cuando lo hice, mis dedos rozaron sus labios de manera fugaz. Me incliné aún más y la besé. Permanecimos unos segundos unidos por ese beso.
-Humm-murmuró con los ojos cerrados.
Reí y me separé.
-Vamos, venga, quiero ver que te parece tu regalo.
Abrió los ojos de golpe. Sacudió la cabeza.
-Te iba a decir una cosa pero mejor me la callo.
¿Diego? Por su expresión no parecía que se estuviera refiriendo a algo demasiado importante pero nunca se sabía.
-Bueno, si fuera importante me la dirías ¿verdad?
Asintió, aunque sin demasiada convicción.
-Toma-le acerqué la cajita.
Ella colocó en mi regazo su bolsa. Ambos permanecimos sin movernos, esperando que el otro abriera su regalo.
-Ábrelo-urgí.
-Y tú también-replicó.
Bajé la mirada y saqué un paquete envuelto en papel verde con un lazo de seda. Ella, a su vez, despegó con infinito cuidado el papel de la cajita. Y levantó la tapa. Su rostro mostró sorpresa mientras elevaba en su mano la pulsera. La miró y sonrió.
-Es preciosa-murmuró acariciando la breve pero intensa inscripción-¡Ábrelo de una!-me espetó mientras se colocaba la pulsera en la muñeca.
Desaté el lazo, tratando de hacerlo con calma, para sacarla de sus casillas. Estaba intrigado. Desdoblé el papel con rapidez cuando vi que me fulminaba con la mirada. Era un objeto redondo, de plata. Un denario. Lo acaricié con respeto. Era antiquísimo. Me quedé sin palabras. Un agujero lo atravesaba con un cordón de cuero.
-¿Te gusta?-dijo, por su tono de voz advertí que estaba sonriendo.
-Sí, es genial. ¡Gracias!
La besé. Me colgué el denario del cuello.
-Querría quedarme más pero tengo que irme-dijo con disgusto mientras observaba su reloj. Se levantó y me besó por última vez antes de marcharse con rapidez.
-Adiós-murmuré cuando ya se había ido.

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