Capítulo 4

Me desperté atontado. ¿Dónde estaba? ¿Qué hacía en esa habitación que no me resultaba familiar? Miré a ambos lados para ubicarme. Estaba en Barcelona. Miré el reloj. ¡Las nueve y cuarto! En un cuarto de hora tenía que estar en casa de Abril. Me levanté de un salto y corrí hacia la ducha. El agua salió congelada pero no me detuve a regularla. La ducha se alargó cinco escasos minutos y cuando salí tiritaba. Cogí la ropa que, por suerte, no estaba arrugada y me vestí. Sequé un poco mi pelo con una toalla, comí rápido mientras me calzaba, cogía el móvil, las llaves y cerraba la puerta después de comprobar velozmente que todas las luces estuvieran apagadas. Corrí hacia la casa de Abril. A medio camino aminoré el ritmo para comprobar la hora. Nueve y veinticinco. Me daba tiempo a calmar mi respiración caminando el trecho que quedaba. Miré el móvil. El despertador estaba activado pero yo no lo escuchara sonar. Pensé. Me diera la impresión de oír una música pero no podía confirmarlo. ¿Ese era el portal de Abril? Esperaba no equivocarme. Mientras rezaba que no me fallara la memoria llamé al timbre. La voz de Abril se escuchó a través del interfono.
-¡Hola, Mike! Ya bajo-mi respiración se aceleró.
Quería verla. La espera se me hizo eterna aunque solo fueron un par de minutos.
Iba vestida muy veraniega aunque este terminara hacía algo más de un mes. Una falda larga, de color azul turquesa combinada con una camiseta de manga corta, blanca, un bolso del mismo color que la falda y unas sandalias romanas negras. El conjunto lo terminaba un collar de un corazón azul, de cristal y unos pendientes largos, a juego. Llevaba la melena suelta, algo húmeda cayéndole encima del rostro por culpa de sus pasos hacia mí. Una sonrisa se extendió por mi rostro, acorde con la de ella. Sentí unas irrefrenables ganas de besarla, de decirle que la quería pero cuando llegó a mi lado me quedé quieto, parado como si aquella agua helada hubiera congelado mi mente y mis miembros no obedecieran los impulsos que mi cerebro les enviaba. Llegó a mi lado, abrió la puerta y se detuvo junto a mí, agachando la cabeza.
-Hola-me alborotó el cabello mojado en un cariñoso gesto.
-Hola. Estás… preciosa-me acerqué, la agarré por la cintura y acerqué nuestros cuerpos a la vez que inclinaba la cabeza y la besaba en los labios con calma, obedeciendo a los impulsos del corazón y no de la mente.
El beso terminó y ella me volvió a besar. Luego, cuando al fin nos separamos, sonrojados y sonrientes, intercambiamos una mirada y, sin palabras, abracé a Abril por la cintura y ella comenzó a caminar al lugar al que debíamos ir, que yo había olvidado por completo.
Caminamos en silencio, cuando estábamos juntos sobraban las palabras. Le acaricié el pelo.
-¿A dónde vamos?-pregunté, impresionado por que los sentimientos que sentía al estar a su lado iban en aumento.
-Recuerda que es una sorpresa-dijo ella en su empeño de mantener su sorpresa hasta el momento final.
-¿No piensas decirme nada?-insistí.
Sacudió la cabeza a ambos lados. Sonreí. Me gustaba esa faceta testaruda que mostraba a veces. Caminamos hasta llegar a la entrada de un lugar maravilloso del que viera cientos de fotos y leyera cientos de artículos. La Sagrada Familia. Me quedé en silencio mirando. Las puntas de las altas torres que intentaban rozar el cielo y sus nubes. Era precioso e imponente. Todavía no tengo palabras para describirlo. La gente que la haya visitado lo comprenderá. Abril me devolvió al mundo real con un apretón en el brazo. La miré.
-¿Te gusta?-preguntó con voz y sonrisa esperanzada.
Le sonreí y asentí, incapaz de hablar.
-Siento no ser tan buena guía como lo fuiste tú en Manhattan…- se excusó.
-Para mí eres la mejor-le interrumpí tras haber recuperado el don del habla.
-Eso lo dices porque me quieres-rió ella.
-No, te equivocas.
-¿En qué?-se extrañó.
-No te quiero, te amo-dije mirándola a los ojos. La Sagrada Familia era maravillosa pero no tanto como sus ojos.
Me besó ferozmente. Mi estómago dio un vuelco. Eso de las mariposas en el estómago era verdad. Yo sentía algo similar cada vez que me miraba, sonreía o tocaba.
-Quiero estar a tu lado, siempre-dijo con la voz entrecortada después de que nuestros labios se separaran.
-Y yo-contesté abrazándola.
Caminamos hasta un banco donde nos sentamos y mirarnos a los ojos.

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2 Responses to Capítulo 4

  1. ESTO ES BELLISIMO QUE GRAN TALENTO TENES! ME HACES SONREIR CADA VEZ QUE LEO ESTO. Y FUE UNA PURA CASUALIDAD HABERME ENCONTRADO CON ESTE BLOG! SALUDOS DESDE ARGENTINA!!!!!!!!

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  2. La verdad es que está muy bien redactada por ahora solo leí hasta este capítulo y ha sido el que más me ha gustado, ahora voy para el quinto :)

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