Capítulo 23

La mañana siguiente fue lluviosa. Odiaba la lluvia pero intenté que eso no me deprimiera. No volvería a pensar en Diego. Él no era para mí y, tampoco, era como yo pensaba. Me tenía muy engañada. Pensé un buen plan para por la tarde pero solo se me ocurrió ver una película, así que, decidí preguntarle a Mike en el trabajo. Los días lluviosos nunca fueron los días de mi mayor grado de imaginación.
Busqué un paraguas en la maleta. Pensé que se me había olvidado, pero ahí estaba, en el fondo, por supuesto. Nunca me había alegrado tanto de ver un paraguas. Sonreí aunque nadie me viera aunque eso no era lo importante. Miré por la ventana antes de salir. Las calles estaban llenas de manchas circulares de color. Había cientos, tal vez miles. Pensé en ellos como una plaga pero eran simples paraguas. Llamé al ascensor y me metí dentro. A medio camino el ascensor se paró. Me asusté pensando que en las pelis de miedo siempre suceden cosas así pero me decepcioné un poco al comprobar que solo era una vecina que llevaba dos niños pequeños. El mayor tendría siete años y el pequeño cinco. La madre los regañó por armar tanto jaleo pero ellos no le hicieron caso. Sonreí a los pequeños y dirigí una mirada de compasión a la madre. Salí del ascensor y me dirigí a la heladería.
Cuando llegué, Mike no estaba. Me decepcioné un poco pero entré. El dueño, que era el encargado de abrir por las mañanas, me dijo que Mike vendría más tarde y me preguntó si me las apañaría sola en el local. Asentí y él se marchó.
Llevaba unas dos horas cuando Mike apareció. Parecía que a él no le deprimía la lluvia y me pregunté si habría algo que borrase la sonrisa de su rostro. Me saludó y fue a por su camiseta. Cuando volvió, empecé a hablar:
-Oye, Mike-me miró, interrogante- ¿Qué se puede hacer en Nueva York los días de lluvia?-se me quedó mirando, extrañado.
-Depende de si te gusta mojarte o no-dijo sonriendo, divertido.
-Mejor algo que no conlleve mojarse.
-Pues o visitas museos y eso o vas al cine, o a tomar algo, o de compras. Hay muchas cosas para hacer.
-Humm… Es que necesito un plan para hoy.
-¿Vas a ir a algún museo?
-No tengo muchas ganas. ¿Qué pelis hay en el cine?
-Hay una que dicen que está bastante bien, una comedia romántica. Yo quiero ir a verla-¿eso era una indirecta? ¿Por qué no me decía directamente si íbamos a verla juntos? ¡Qué raro!
-Si quieres la vemos hoy- se sonrojó un poco y me sonrió, radiante.
-Perfecto. ¿A qué hora?
-No sé a que horas son las sesiones…
-¡Ay, claro! ¿La primera de la tarde?-lo miré interrogativamente- A las cuatro y media te recojo en tu casa.
Acepté y seguimos hablando y trabajando. Lo bueno de la heladería Mc Gregor era que como no había demasiado ajetreo tenías tiempo para hablar. Pensé en cuando Mike estaba solo en la heladería y lo compadecí. Debía de sentirse muy solo.
A la salida del trabajo no llovía. Eso me alegro un poco. Podría librarme del paraguas durante un tiempo. Caminé velozmente hasta mi casa donde cociné y comí. Como me sobraba tiempo me senté en el suelo, al lado de la ventana del salón a mirar la lluvia. Las gotas se deslizaban sigilosas por el cristal de mi ventana, huidizas.
A las cuatro y media en punto Mike llamó a mi timbre. Hasta ese momento no me di cuenta pero había estado mirando el reloj todo el tiempo, esperando su llegada. Bajé en el ascensor hasta el portal, donde Mike me esperaba, en el repecho para no mojarse. Nos dirigimos andando hasta Times Square.
-Estuve mirando la cartelera y todavía sigue la nueva de Harry Potter, ¿prefieres ver esa? Si no la viste, claro-solté una grito ahogado.
-¡Vamos a verla! Me encanta y no la he visto en español.
-¿Eres fan de Harry Potter?-me miró, escéptico.
-¡Oh, vamos! ¿Tú no?-lo miré como si estuviera loco.
-Ni me va ni me viene-dijo Mike, encogiéndose de hombros.
-A mí me encanta. Lo adoro. Leí los libros y vi todas las películas.
Hablamos todo el camino. Yo defendiendo a Harry y el diciendo que no entendía las películas, que cada vez eran más complejas y yo bromeé con él diciéndole que eso es que no era muy listo. Reímos y disfrutamos del trayecto. Me di cuenta de que cada vez disfrutaba y necesitaba más su compañía.
Entramos al cine. Era grande y yo me habría perdido si no llega a acompañarme Mike. Compramos las entradas y fuimos a comprar palomitas. Cogimos un paquete enorme de palomitas para compartir. Entramos en el cine, buscamos nuestros asientos y nos sentamos. Mientras veíamos los anuncios una duda surgió en mi mente.
-Ey, Mike-me miró extrañado por el tono de preocupación que mostraba mi voz.
-¿Qué?
-¿Entenderé algo?
-¿No eras tú la experta en Harry Potter?-sonrió y me pareció que su sonrisa brilló en la oscuridad reinante.
-Me refiero al idioma.
-¿Tú me entiendes?-lo miré pensando en la tontería que acababa de decir.
-Estoy hablando contigo, así que te entiendo.
-Pues entonces entenderás pero tienes que estar atenta porque hablan bastante rápido.
Nos callamos porque empezó la peli. Más o menos iba entendiendo. Sonreí cuando mi mano tropezó con la de Mike en busca de palomitas.
-Mira lo que ha dicho-susurré, casi al oído de Mike.
-Veo que lo entiendes-dijo.
Ambos nos callamos para escuchar lo que Lord Voldemort estaba diciendo.
A mitad de película, Mike me agarró la mano. Me sentí extraña, como si una pequeña descarga eléctrica recorriera mi cuerpo pero no retiré la mano.
Al acabar la película no conseguí evitar que una lágrima escapara de mis ojos. Me acordé de la gota del cristal, huidiza, fugaz. Nos levantamos de nuestros asientos y seguimos a la muchedumbre hacia la salida.
-¿Te gustó?
-Me encantó.
Mike atrapó con el dedo la lágrima que había escapado de mis ojos y la miró en silencio, reflexionando.
-Mi hermana también lloró con la película-comentó Mike.
Sonreí pensando en Rachel. Era tan impulsiva. En el fondo, me parezco a ella. ¿Si no que estoy haciendo en Manhattan, a miles de kilómetros de mi hogar?

Salimos en silencio del cine y fuimos a tomar algo. En la calle llovía ferozmente y para cuando entramos en un café ya estábamos empapados.
Yo pedí un café con leche y Mike, un descafeinado. Bebimos en silencio, mirando por la ventana la lluvia. Cuando la lluvia amainó nos dirigimos a mi casa. Le pregunté a Mike si quería subir a secarse pero se negó y se marchó a su casa.
En casa no paré de pensar en ese sentimiento que había surgido cuando Mike me agarró la mano en el cine.

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Capítulo 22

El viaje en metro no duró mucho y enseguida nos bajamos en la estación más cercana a Long Island. Subimos las escaleras veloces, intentando librarnos del calor del subsuelo pero, cuando por fin ascendimos a la superficie nos golpeó un soplo de aire caliente que casi me deja sin respiración. Nueva York, a esa hora era como un horno. Caminamos por las calles, Mike y yo delante y Jake y Rachel cerrando la marcha. Le pregunté a Mike cuanto camino había hasta la playa y él me dijo que una media hora o así. Me moría de ganas de ver el mar. El mar de Nueva York que en verdad era el mismo que veía desde Barcelona. Seguimos caminando en silencio hasta que atisbé a lo lejos la playa. Era enorme, de arena blanca y mar azul claro. Me detuve unos instantes a observar el paisaje. Era muy bonito, hermoso. Aceleré para alcanzar a Rachel, Jake y Mike que ya iban unos pasos por delante de mí.
-¿Te gusta la playa?-Mike rompió el silencio.
-Sí, es preciosa. Echaba de menos el mar-dije. Comencé a explicarme-En Barcelona iba muchas veces al paseo marítimo a ver el mar. Me gustaba.
Mike sonrió, pensativo. Rachel y Jake comentaron algo en voz demasiado baja como para que escuchara algo y comenzaron a reírse. Parecían disfrutar de su mutua compañía. Me giré y ambos volvieron a estallar en carcajadas. ¡Quién sabía de que se reirían!
-Ey, chicos-Rachel y Jake pararon unos instantes de reírse y lo miraron-¿Podéis dejar de hacer el imbécil? ¡Parece que acabáis de salir de un manicomio y como sigáis así os van a meter en uno de verdad!-volvieron a estallar en estruendosas carcajadas-Recuérdame que la próxima vez vengamos solos-dijo dirigiéndose a mí.
-Tranquilo, lo haré-continuamos bromeando un rato más hasta que llegamos a la playa y tuvimos que buscar un sitio cómodo en la cálida arena.
Nada más llegar me descalcé dejando que mis pies pisaran la cálida y suave arena. Caminamos por la playa hasta que encontramos una zona en la que no había demasiada gente. Nos quitamos la ropa y extendimos las toallas. Rachel y yo nos echamos crema solar y nos tumbamos a disfrutar de los cálidos rayos del sol. Mike y Jake fueron a jugar al voleyball con la pelota que Mike llevaba en la mochila. Nos preguntaron si queríamos ir pero ambas nos negamos.
-Jake es muy amable ¿verdad?
-Sí, me cae bien-contesté.
-Yo creo que… Umm no sé como decirlo-se echó a reír.
-¿Qué crees?-lo dije suspicaz, no tenía ni idea de lo que pudiera estar pensando.
-Creo que me gusta-lo soltó de golpe, después de mirar que ni Mike ni Jake anduvieran por allí.
-¿Jake?-no esperaba que me dijera eso.
-Sí, ¿te parece raro que me guste?-noté que se estaba divirtiendo con nuestra conversación.
-No, pero… Es raro.
-¿Raro? Jake es muy divertido.-sonrió.
-¡Cómo se entere Mike...! Te va a echar una buena bronca-solo entonces reparó en la posibilidad de que su hermano mayor se enterara.
-No le dirás nada ¿verdad?
-No, tranquila-le sonreí y ella se relajó.
Permanecimos calladas hasta que Mike y Jake volvieron y se tumbaron un rato en las toallas. Le pregunté si querían ir a dar un paseo pero Rachel se me adelantó y dijo que iríamos nosotras dos solas. Asentí y nos marchamos. Caminamos por la orilla dejando que la fría agua salada acariciase nuestros pies descalzos.
-Oye, ¿a ti te gusta mi hermano?-se paró para mirarme.
-Claro, es un gran amigo y lo paso genial con él…
-Pero ¿sientes algo más por él?-me interrumpió y me paré a pensar. ¿Sentía algo por Mike? No, eso era imposible.¿O no? Era mi amigo. No supe que contestar.
-No lo sé… Creo… que… solo es mi amigo ¿por?
-Es que me pareció que antes lo mirabas de una forma… Ummm...… peculiar-me sonrió pero me había dejado pensativa.
Caminamos en silencio, disfrutando del agua marina. Cuando nos cansamos volvimos hacia las toallas a preguntarles a los chicos si les apetecía bañarse. Ellos dijeron que sí y acercamos las cosas a la orilla para tenerlas vigiladas. Me metí poco a poco en el agua aunque, Rachel me salpicó toda. Di unas brazadas mar adentro combinando nadar en la superficie y nadar bajo ella. Mike había traído el balón y nos pusimos a jugar al voleyball. No era demasiado mala en el deporte pero tampoco se me daba genial. Jugamos una partida de chicas contra chicos. Ganaron ellos pero por pocos puntos. Permanecimos bastante tiempo en el agua. Nos dispusimos a jugar la revancha. La pelota cayó lejos y me ofrecí para ir a buscarla. Estaba cerca de una pareja. Desde lejos no puede saber como eran pero, a medida que me fui acercando los distinguí mejor. La pelota flotaba a su lado sin que ellos demostraran intención de lanzármela. De cerca, los distinguí mejor. Ella, rubia, alta, guapa. Él, moreno, guapo, Diego. ¡No, otra vez no! Barajé la posibilidad de dar media vuelta y volver sin la pelota pero los demás me estarían mirando en esos instantes. Cogí aire y me acerqué a ellos. Diego se dio cuenta de mi presencia y se quedó pettrificado.
-¿Me la pasas por favor?-me miró como si no entendiera pero cogió la pelota entre sus manos.
-Hola, se suele saludar-estaba tenso.
-Hola ¿me la das ya?-me estaba mostrando arisca.
-No, quiero hablar contigo-me miró a los ojos, fijamente.
-Pues yo no quiero hablar contigo-aparté la mirada.
-Entonces me escuchas-estaba muy decidido.
-Mira, Diego, déjame en paz-quería echarme a llorar de impotencia- Dame la pelota, me voy y ambos hacemos como si no nos conociéramos ¿ok?
-No, te conozco. Eres mi amiga…
-Era tu amiga-lo interrumpí- Por favor no me estropees el día.
-¿Eso es lo que estoy haciendo, estropearte el día?
No contesté, solamente agaché la cabeza evitando su mirada. Rachel, Jake y Mike se acercaron.
-¿Alana?-era la voz de Jake.
-¡Jake! ¡Cuánto tiempo!-se abrazaron.
Mike, Rachel, Diego y yo estábamos flipando.
-¿Os conocéis?-Diego estaba hablando con su novia.
-Sí, él es mi primo-señaló a Jake.
Me quedé de piedra. Mike se acercó y le quitó el balón de las manos a Diego. Diego no supo que hacer y, simplemente, no dijo nada. Jake y Alana empezaron a hablar y los demás dejamos de prestarles atención.
-Bueno, ¿vas a hablar conmigo?-Diego siguió insistiendo.
-¡Tantos millones en esta ciudad y siempre acabo encontrándome contigo!-gemí.
-Abril, no seas así…-puso cara de ``soy bueno y nunca he roto un plato en mi vida´´ pero ambos sabíamos que no era así.
-¿Qué no sea como? ¿Qué cambie para caerte bien? No pienso cambiar por ti ni por nadie.
-No te estoy pidiendo que cambies, quiero que todo vuelva a ser como antes.
-Diego, tienes que entender que nada volverá a ser como antes-en ese momento acudió a mi mente la canción de El canto del loco. Suspiré.
Mike y Rachel debían de estar alucinando. Entre Alana y Jake y Diego y yo… ¡Vaya espectáculo debíamos de estar montando!
-Pero… no es todo como tú piensas…
-Bah, déjame en paz- me di media vuelta dispuesta a alejarme pero su mano me retuvo-¡Suéltame!
Mike se iba a meter pero Rachel lo detuvo, le susurró algo al oído y, él, aceptó de mala gana.
-Tenemos que hablar.
-No, todo quedó solucionado en aquella cafetería.
-¿Quieres escucharme de una vez?-callé a regañadientes-Quiero cambiar, lo estoy intentando.
-¡Oh, vamos Diego! ¡Qué típico! ¿En que película lo viste?-me reí.
-Mira, lo estoy intentando de verdad pero tú haz lo que quieras. Tú te lo pierdes-mostró intención de soltarme pero me sujetó unos segundos más-Pero si te arrepientes, ya sabes como y donde encontrarme.
Asentí y me marché. Estaba confusa, Mike me gritó que esperara pero no le hice caso y Rachel vino detrás de mí.
-¿Estás bien?
Asentí aunque no estaba para nada bien. Estaba tan confusa otra vez. ¿Qué quería decir con eso de que intentaba cambiar?
-Vamos hacia la toalla-Rachel me guió en la dirección de nuestras cosas abandonadas. Cogimos las toallas y nos tumbamos.
-¿Abril?
-¿Si?-permanecí con los ojos cerrados.
-¿Puedes contarme lo que ha pasado?
Tomé aire antes de comenzar con mi relato. Se lo expliqué todo. ¿Si Mike lo sabía porque ella no? Ya daba todo igual. No me interrumpió. No le conté lo de que Diego estaba con Alana para conseguir la beca de la Universidad pero le dije todo lo demás. Me compadeció y dijo que estaba ahí para cuando lo necesitara.
Mike y Jake volvieron al cabo de un rato. Se tumbaron en sus toallas y no abrieron la boca. Luego, decidieron ir a bañarse pero yo les dije que me quedaba en la toalla. Rachel insistió en que fuera y que acabásemos el partido de voleyball pero me negué rotundamente. No pasó mucho tiempo hasta que volvieron y decidimos marcharnos de nuevo a Manhattan. Caminamos hasta la estación. No sé muy bien de que hablamos porque yo estaba ausente. En el metro me senté al lado de Mike que comenzó a hablarme:
-No estés así por ese. Siempre que lo ves acabas así-me señaló de arriba abajo.
-¿Mojada?-interrogué. Me obligo a sonreírle.
-Sabes a lo que me refiero-lo dijo en tono de reproche pero parecía algo más alegre al ver que sonreía.
En media hora estuvimos de nuevo en la estación de metro de Manhattan donde nos despedimos de Jake. Mike y Rachel me acompañaron a mi casa donde nos despedimos.
¡Uff! Qué día más largo. Nada más entrar en casa me metí en la ducha pensando que Diego podía hacer lo que quisiera. A mí ya no me importaba nada. O casi nada.

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Capítulo 21

Me desperté de mal humor porque no había dormido casi nada en toda la noche. La razón no la conocía. Me metí en la ducha esperando que el agua caliente aplacase mi enfado. Odiaba sentirme así sin motivo e intenté animarme en la medida de lo posible. Permanecí mucho tiempo bajo el chorro de agua. Sin pensar, solamente, respirando. En cuanto salí de la ducha y vi la hora solté una palabrota. El día no estaba mejorando, precisamente. Me vestí corriendo y me quité la mayor humedad del pelo con el secador pero, en cuanto lo libré de bastante agua, cogí mis cosas y salí corriendo por la puerta. Aunque fui a la mayor velocidad posible cuando llegué Mike ya estaba dentro, trabajando.
-Hola-dije jadeando mientras me dirigía a la puerta que se hallaba detrás del mostrador. Dejé mis cosas allí y me puse la camiseta ``oficial´´ de la heladería.
-Hola, ¿has corrido la maratón esta mañana antes de venir a trabajar?-dijo Mike, burlón.
-Jajajaja, muy gracioso-la broma no me hizo gracia. Todavía seguía de mal humor.
-¿A que sí? Debería de hacerme monologuista-comprobé que estaba de buen humor aunque, la verdad, es que nunca lo había visto de mal humor.
-Sí, triunfarías.
-Me presentaré a la próxima edición de ``Tú si que vales´´-ambos reímos.
-Quedarías el primero.
-No lo dudes-callamos porque entraron algunos clientes y tuvimos que volver al trabajo.
Mike me había animado un poco el día y mi mal humor estaba empezando a esfumarse. Al poco rato volvimos a quedarnos solos.
-Así que ayer estuviste con mi hermana y sus amigas-me sorprendió que sacara el tema ahora y no antes pero no le di importancia.
-Sí, fui a la piscina y me las encontré, más bien, Rachel me encontró a mí-le sonreí.
-Ya, ya me dijo-me devolvió la sonrisa. Su sonrisa eliminó los restos del enfado de esa mañana. Su sonrisa era como la luz de un faro entre la niebla, brillaba pese a las circunstancias.
-Las amigas de Rachel son muy agradables.
Mike asintió con la cabeza. Al cabo de un rato volvió a hablar:
-Esto, Rachel te dijo algo sobre…sobre-le miré interrogante-Déjalo, da igual.
-No, ¿qué querías?
-Nada-se puso rojo como un tomate y eso lo delató.
-¿Qué querías preguntar, Mike?-insistí aunque notaba su incomodidad.
-Era una tontería-sacudió la cabeza y apartó la mirada.
-Pues pregúntala-el tema empezaba a interesarme de verdad. ¿Qué sería aquello que Mike no me quería decir?
-Bah, ya me he olvidado-no pregunté más aunque sabía que me estaba mintiendo.
Zanjamos el tema y no hablamos mucho más esa mañana. Antes de salir, Mike me preguntó si tenía planes para aquella tarde y le contesté que no. Me preguntó si quería pasar la tarde en Long Island con él. Acepté y le pregunté si Rachel vendría, pareció entristecerse un poco y dijo que no lo sabía. Salió unos minutos del trabajo y la llamó. Ella aceptó y, a Mike se le ocurrió que también podría venir Jake ya que, hacía mucho tiempo que no se veían. Quedamos todos a las cuatro y media en la estación de metro para ir a Long Island.
A la salida del trabajo apuré el paso para preparar la comida y coger el bikini y la toalla que, por suerte, había introducido en la lavadora la tarde anterior. Ya estaban lavados y secos así que, una cosa menos. Preparé una ensalada de tomate con jamón y la comí velozmente. Descansé un poco en el sofá y, a continuación me cambié de ropa y salí a las calles de Manhattan.
Caminé hasta la estación de metro y busqué con la mirada a Mike, Rachel y Jake pero todavía no habían llegado ya que era demasiado pronto. El siguiente en llegar fue Jake que me saludó amablemente y ambos comenzamos a hablar. Me contó que sus abuelos maternos eran italianos y que él había vivido en Italia hasta los cinco años, edad en la que dejó el país cuando sus padres se quedaron sin trabajo y fueron a trabajar a Nueva York porque allí trabaja de rector en una Universidad el hermano de su padre. También me dijo que tenía dos hermanos mayores, de veintiséis y veintinueve años y una hermana pequeña de nueve. Hablamos de música y cine, de arte y literatura… Mike y Rachel aparecieron y se unieron a nuestra conversación mientras esperábamos el metro. Al cabo de un cuarto de hora subimos todos al tren dispuestos a pasar una tarde inolvidable.

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Capítulo 20

Cuando llegué no había demasiada gente porque era durante la semana pero, aun así, era muchísima. Eso era lo peor de Nueva York. Siempre había muchísima gente en cualquier lugar. La piscina era enorme, incluso contaba con un pequeño trampolín. Busqué alguna tumbona libre pero todas estaban ocupadas. Encontré una explanada de hierba donde extendí mi toalla. Me desvestí hasta quedarme solo con el bikini azul turquesa y me eché la crema solar. Saqué las gafas de sol del bolso y, tras ponérmelas, me tendí a disfrutar de los rayos del sol. Se estaba tan bien.
-¡Abril!-una voz me sacó de mi estado de ensoñación. Elevé la cabeza buscando al propietario.
Era Rachel, la hermana de Mike. Iba acompañada de dos chicas que rondarían su edad. Llevaba la rubia melena recogida en una coleta. Su bikini era de color amarillo. La chica que iba a su derecha era más baja que Rachel, con el pelo negro y cortado a la altura de los hombros, su bikini era negro, con dibujos geométricos en blanco. La otra chica era un poco más alta que Rachel, de pelo largo y liso, color avellana. La saludé con la mano y ella vino corriendo mientras hablaba apresudaramente con sus amigas. Las otras asentían con la cabeza y me miraban, evaluándome. Me sentí incómoda. Me incorporé y me deshice de las gafas.
-Hola, otra vez. ¡Qué coincidencia que nos hayamos vuelto a encontrar!
-Sí, que casualidad-no supe muy bien que decir pero Rachel no me dio, siquiera un segundo para pensar.
-Esta es Sarah-señaló a la chica del pelo color avellana-Y esta es Tiffany. Y ella es Abril-dijo señalándome a mí-Trabaja con Mike-lo aclaró aunque parecía que Sarah y Tiffany ya lo sabían.
-¿Queréis sentaros aquí?-les ofrecí.
Las otras asintieron con la cabeza.
Empezaron a sacar las toallas de sus bolsos a la vez que armaban mucho jaleo. Para ser solo tres eran muy ruidosas. Empezaron a hablar de cotilleos como:¿Te has enterado de que Lauren sale con Tyler?, Sam y Nancy han roto y cosas por el estilo. Un móvil empezó a sonar con la canción ``On the floor´´ de Pitbull y Jennifer López. No sabía que las adolescentes americanas escucharan eso. El móvil era de Rachel. Descolgó y articuló solo una palabra con los labios: Mike.
-Hola, Mike-dijo con desgana. Mike dijo algo al otro lado de la línea.
-Sí, ya llegué-esperó respuesta.
-¿Qué cómo no te avisé? Es que llegué y me olvidé. ¿Sabes a quién me encontré?-lo dijo en tono malicioso y no esperó a que Mike contestara-¡A Abril!
Las amigas de Rachel intercambiaron una mirada cómplice. Rachel bajó el tono de voz repentinamente y no escuché nada de lo que dijo. Colgó al cabo de unos minutos y miró a sus compañeras mientras negaba lentamente con la cabeza.
-No hay nada que hacer. Siempre será igual de pardillo-dijo soltando una risita y sacudiendo la cabeza.
Permanecimos una hora tomando en sol en silencio hasta que Sarah rompió el silencio en el que estábamos sumidos:
-¿Os apetece ir al agua?-las otras asintieron.
Rachel me miró y me preguntó si iba con ellas. Asentí y les pregunté que pasaría con nuestras cosas. De repente, cayeron en la cuenta de que haríamos con ellas. Una debería quedarse a cuidarlas. Acordamos hacer turnos . La primera que se quedó fui yo. Permanecí tumbada hasta que Sarah vino a indicarme que ya podía ir a bañarme. Busqué a las otras en la piscina y las encontré salpicándose y ligando descaradamente con unos chicos que estaban sentados en el borde de la piscina. En cuanto me vieron empezaron a salpicarme a mí hasta que me empaparon toda. Me reí con ellas. Pasado un cuarto de hora Tiffany se fue a llamar a Sarah. Cuando nos quedamos solas Rachel me preguntó:
-Oye ¿qué piensas de mi hermano?-no entendí a que vino la pregunta.
-¿De Mike? Pues… es muy agradable conmigo y me cae muy bien. Me lo paso muy bien con él.
Me miró suspicaz parecía que iba a decir algo pero en esos momentos vino Sarah y empezó a echarle agua y a gritarle que corriera que en el agua se estaba genial. Sarah se lanzó a la piscina de cabezada, zambulléndose. Rachel y Sarah empezaron a intentar hacerse ahogadillas. No hay que decir que esos juegos acabaron en una guerra en toda regla de la que intenté mantenerme alejada pero no lo logré. Al poco le tocó a Rachel marcharse pero para entonces no me sentí incómoda al quedarme sola con sus amigas ya que, también eran muy amables.
Luego salimos todas del agua y nos tumbamos a tomar el sol. Ya recogía mis cosas para mancharme cuando Rachel, Sarah y Tiffany me pidieron que me quedara un rato más, hasta que se marcharan ellas. Acepté quedarme un rato más porque todavía no era demasiado tarde.
-¿Qué te pasó ahí?-dijo Tiffany señalando la, ya cicatrizada, herida de cuando por poco me atropellan.
-Ah, esto-permanecí unos instantes pensativa, recordando aquel momento mientras intentaba contener un estremecimiento al pensar en Diego-Me caí en la calle.
-Debió de dolerte ¿no?
-No te creas. No fue para tanto.
Volvimos a tumbarnos en las toallas en silencio. Al cabo de media hora a Sarah la llamaron sus padres.
-¿Nos vamos?
-¿Ya?-preguntaron casi al instante Rachel y Tiffany.
-Sí, es que mis padres dicen que o vuelvo ya o me castigarán de por vida-dijo encogiéndose de hombros.
Las otras asintieron y todas comenzamos a recoger nuestras cosas y a vestirnos.
Caminamos y dejamos a Sarah en su casa. Tiffany se marchó por un cruce hacia la izquierda mientras que Rachel y yo seguimos caminando recto. Ella parecía dudosa de algo pero no dijo nada. Llegamos a mi portal donde nos despedimos y ella llamó a sus padres para decirles donde estaba y que en un rato estaría en casa.
Fue una tarde muy bonita ya que me recordó mucho a cuando yo tenía la edad de Rachel y sus amigas.

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Capítulo 19

A la mañana siguiente, durante el trabajo, tuvimos una visita muy especial. Era un día caluroso y la gente apenas paraba en la heladería, compraban lo que deseaban y salían a seguir su camino con energías renovadas. La heladería estaba medio vacía cuando alguien entró por la puerta. Era una chica. Bajita, delgada, rubia, de pelo largo y ligeramente ondulado. Sus ojos eran de un azul muy claro y reflejaban alegría. Rondaría los 14 años. Iba vestida a la moda de las adolescentes estadounidenses, pantalones cortos y muy ajustados con una camiseta excesivamente corta y un hombro al descubierto. Su cabello rubio estaba recogido en una trenza que reposaba sobre su hombro derecho. Llevaba un bolso enorme, estilo playero con un estampado de flores hawaianas en colores naranjas. En los pies llevaba unas sandalias de tiras en color azul turquesa. Nada más entrar esbozó una sonrisa preciosa que me resultó muy familiar. Se acercó al mostrador, lo rodeó y entró mientras se acercaba a Mike por la espalda que, todavía no se había percatado de la aparición de la joven.
-¡¡Mike!!-le gritó al lado de la oreja y, el aludido, se volvió asustado. Algunos clientes se molestaron pero la chica misteriosa no pareció prestarles atención.
-¡Rachel!-Mike parecía muy sorprendido-¿Qué estás haciendo tú aquí?
-Quería ver a mi hermanito favorito-dijo dándole un cariñoso beso en la mejilla.
-Veo que ya has vuelto de casa de Tiffany-en esos momentos advertí cuanto se parecían. En todo. Los claros ojos, el pelo rubio, solo que ella lo tenía ondulado y él liso, la sonrisa…
-Has acertado.
Mike sonrió. Se podía palpar la complicidad que había entre ambos. Debían de llevarse muy bien. Después de unos instantes de silencio Rachel volvió a tomar la palabra.
-¿No me piensas presentar a tu amiga, Mike?-dijo con un deje burlón en la voz.
Mike suspiró pero asintió:
-Rachel, Abril. Abril, Rachel. Listo, presentadas-dijo mientras ponía los ojos en blanco.
-No le hagas caso a mi hermano-se acercó a mí y en tono confidencial me susurró-Puede llegar a ser un auténtico imbécil.
-Oye te he oído-protestó Mike mientras le daba un leve empujón en el brazo.
-¡Ey! Eso ha dolido-dijo mientras se frotaba el brazo pero no logró ocultar una sonrisa.
-Lo siento, hermanita-puso cara de ángel-¿Podrás perdonarme algún día?
-Lo dudo mucho-definitivamente, esa Rachel me caía muy bien.
Un cliente se acercó al mostrador y me apresuré para ir a atenderlo. Mike y Rachel siguieron hablando pero yo no estaba prestando atención. En cuanto acabé me acerqué un poco a ellos pero no quería entrometerme en su conversación. Escuché unos retazos de lo que hablaban pero no comprendí nada:
-Oh, vamos, Mike, no seas gallina. Díselo ya-Rachel, sonreía y noté como buscaba la mirada de Mike pero él la evitó.
-No sé de que estás hablando-o realmente no lo sabía o se estaba haciendo el sueco.
-Sí lo sabes y vas a perder una oportunidad enorme. Hazme caso.
-¿A ti? Soy mayor que tú.
-¿Y eso que narices tiene que ver? Soy tu hermana y te estoy dando un consejo que deberías poner en práctica.
-Habla mi idioma por favor-noté que Mike si sabía de lo que estaban hablando.
-A veces puedes llegar a ser realmente imbécil-más que decirlo , gruñó Rachel.
Mike se percató de mi presencia y cambió de tema:
-Deberías irte ¿no?-dijo Mike impaciente.
-Tranquilo, ya me voy, Don Prisas-se acercó a mí-Encantada-nos despedimos con dos besos en las mejillas.
A Mike le dio un coscorrón cariñoso mientras le pedía que no se enfadase con ella. Él sonrió y le pidió que tuviese cuidado. Ella asintió y salió a paso rápido del local.
-Cualquier día va a volverme loco-dijo mientras volvía al trabajo.
-Tu hermana me cae bien-dije a favor de Rachel.
-No pensarías igual si llevaras casi 15 años viviendo con ella.
-Oh, vamos, si se nota que en el fondo os queréis un montón.
-Bueno, en tantos años algo de cariño si que le he cogido-dijo sonriendo.
Sacudí la cabeza, divertida.
La hora de salida llegó velozmente y por fin pude salir a disfrutar del caluroso día. Corrí a casa, preparé una ensalada rápida y busqué un bolso, una toalla y crema solar mientras me ponía un bikini y unos shorts con una camiseta. Salí pitando por la puerta para disfrutar de una tarde en la piscina.

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Capítulo 18

A la mañana siguiente le conté a Mike que había visto a Jake. Pareció interesado en el tema porque no paró de acribillarme a preguntas. Yo contesté a todas pero no acabé de comprender a que venía tanto interés. A la salida, Mike, me preguntó si quería ir a comer con él. Acepté la petición de buen humor. Era un poco aburrido comer siempre sola. Bueno, un poco aburrido no, bastante aburrido.
-¿A dónde te apetece ir?-me preguntó.
-Me da igual. Sigo conociendo los mismos restaurantes que el otro día, y eso suma ninguno-Mike empezó a replicar pero no le di tiempo y enseguida añadí-No, uno. El puesto de perritos calientes también cuenta ¿no?
-Sí.-sonrió-Ahora en serio, ¿dónde comemos?- me encogí de hombros-¿Vamos al del otro día?-me miró esperando alguna reacción pero a mí Diego ya no me afectaba.
-Perfecto.
Nos encaminamos hacia allí. Mi Blackberry empezó a sonar. Miré el número. Era el de mi casa (de Barcelona, claro). Descolgué y contesté a las preguntas de rigor como:¿Todo bien?, ¿Aprendes bien el idioma?... La conversación duró poco, no más de cinco minutos. Seguimos caminando en silencio. No era demasiado fácil hablar con alguien en el barullo y menos en hora punta. Llegamos al restaurante. Mike me cedió el paso. La entrada no era grande pero el resto del local lo compensaba. Era espacioso. Las mesas estaban bastante separadas entre sí, de manera que, no te sentías agobiado cuando el local estaba lleno, cosa que sucedía a menudo. Las paredes estaban pintadas de color teja. Buscamos alguna mesa libre hasta que localizamos una en el extremo más alejado del local. Nos acercamos allí, nos sentamos y comenzamos a examinar la carta. En cuanto la camarera, una chica de unos venti pocos, no demasiado alta, regordeta, con el largo cabello rubio-anaranjado recogido en una, ya medio deshecha, coleta se nos acercó ya teníamos decidido que pedir. A los dos minutos de pedir sonó mi móvil. Extrañada al reconocer el número contesté:
-¿Qué pasa, mamá?-acabábamos de hablar ¿qué querría?
-Abril, ten aceptado en la Universidad de periodismo-su voz dejó traslucir la emoción que sentía mientras decía esas palabras. Durante unos momentos no fui capaz de responder.
-¿En serio?-esas fueron las primeras palabras que fui capaz de articular.
-¡Sí!
-Es maravilloso-quería gritar de felicidad. Mi boca se curvó, inevitablemente, en una radiante sonrisa.
-Abril, supongo que tendrás que ¿comer, no?
-Sí, a eso iba.
-Pues no te entretengo más. Come sano.
-Sí, mamá. Chao.
-Adiós-colgamos casi al mismo tiempo.
Mike me miraba extrañado, sus conocimientos de español no llegaban a tanto y, aunque así fuera, no lograría escuchar lo que decía mi madre al otro lado de la línea. Creo que se enteró solamente de que eran buenas noticias.
-¡Me han aceptado en la Universidad de periodismo!-una bonita sonrisa de sincera alegría se extendió por su rostro.
-¡Eso es genial!-detecté una nota amarga en su voz pero no le presté atención.
-¿Verdad? La Universidad de periodismo de Barcelona es de las mejores que hay en España.
-Sí, a ver si a mí me aceptan…
-Ya verás como sí-empezamos a hablar de Universidades hasta que trajeron la comida.
La comida desprendía un olor excelente y, todavía, sabía mejor. Yo comí raviolis con salsa siciliana y, Mike, rissotto con gambas y setas. No charlamos demasiado. De postre yo tomé un helado típico italiano de pomodoro (tomate, sí, sé que suena asqueroso pero está muy bueno) y Mike tomó una Pannacotta de aspecto muy tentador. En cuanto terminamos pagamos y salimos del local camino a mi casa. Allí, nos despedimos con dos besos y mientras llamaba al ascensor vi como Mike esbozaba una sonrisa de incredulidad y empezaba a alejarse lentamente después de que la puerta se abriese y yo desapareciese en su interior.

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Capítulo 17

Me desperté en el sofá. No pude evitar una sonrisa pese al dolor de cuerpo que sufría, me había quedado dormida viendo una peli que debería dejarme los pelos de punta y que no consiguiera dormir en semanas. Sin duda, esa película, estaba sobrevalorada. Decidí darme una ducha, a ver si con eso conseguía deshacerme de la tirantez que se había instalado en cada músculo de mi cuerpo. Conecté una radio y encontré un canal de música similar a la que escuchaba yo. Mientras me duchaba comenzó a sonar Perfect de Simple Plan. Me puse a cantarla.´Cuz we lost it all
Nothing lasts forever
I´m sorry
I can´t be perfect
Now it´s just too late and
We can´t go back
I´m sorry
I can´t be perfect
¡Cuánta razón! ¿Cómo era posible estar tan equivocada como lo había estado yo? Suspiré y salí de la ducha casi a regañadientes. La rigidez había desaparecido completamente de mis músculos y eso me alivió. Después de ponerme un chándal empecé a limpiar la casa que estaba en un estado de caos máximo. Cuando me pareció que la casa estaba suficientemente ordenada bajé a un supermercado cercano y compré comida y bebida.
Subí a casa y comencé a preparar la comida. Ese día tenía ganas de cocinar ya que me hallaba de un humor excelente. Hice ensalada, patatas cocidas y milanesa de pollo. No paré de cantar las canciones que sonaban en la radio (las conociese o no) en ningún momento. Estaba rebosante de energía. Todo parecía volver a su cauce. Mi vida empezaba a ser normal. No volvería a sufrir por Diego, nunca. Comí con calma, paladeando cada bocado que daba. Pensé que hacer esa tarde. Era un día precioso, el sol brillaba alto y radiante en el claro cielo. ¿Y si llamaba a Mike para preguntarle si le apetecía ir a dar un paseo por Central Park? No, mejor no. No quería que pensara que yo era una pesada. Quería salir pronto de casa para aprovechar cada instante de la tarde. Me cambié el chándal por unos shorts vaqueros y una camiseta negra con el dibujo de unos gatitos en la que decía:``The love is all the World need´´. En los pies me puse unas zapatillas con un estampado de fondo y negro y flores blancas.
Cogí el móvil, las llaves y la cartera y lo guardé todo en los bolsillos del pantalón. Me acerqué a la estación de metro y compré un billete para él que me llevaba más cerca de Central Park. Tuve que esperar unos 15 o 20 minutos antes de que el metro llegase a la estación. Por suerte, no había demasiada gente y encontré un asiento libre sin problemas. Durante todo el trayecto me limité a observar a la gente. Nueva York era fantástico por eso. Había tanta gente, de todas las edades, lugares, religiones… Tanta gente diferente conviviendo en un mismo lugar. Advertí que alguien me miraba. Con disimulo, busqué al dueño de esa mirada. Era un chico. Rondaría los 16 años, me miraba sin ningún disimulo. Su cara me resultó familiar aunque no supe de que. No era demasiado alto pero era musculoso, de constitución fornida. Tenía el pelo oscuro, casi negro. Sus ojos eran verdes y contrastaban con su piel, morena. Llevaba una camiseta blanca, básica que dejaba adivinar sus musculosos brazos. Llevaba unos pantalones vaqueros flojos y unas deportivas negras. Aparté la mirada. Por el rabillo del ojo advertí como el chico se levantaba de su asiento y se acercaba al mío. ¿Qué querrá? Seguro que viene al robarme, con la suerte que tengo. Mi bonito día iba a llegar a su fin. Cuando el muchacho estuvo delante de mí me obligué a levantar la vista.
-Hola-aunque hablaba inglés noté un acento extraño. ¿Italiano tal vez?
-Hola ¿qué quieres?-si me vas a robar hazlo rápido. No pude evitar que mi voz fuera fría y cortante.
-Tranquila, que solo quiero hablar, chica de la heladería-sonrió. Su sonrisa era bonita y amistosa pero no se podía comparar a la de Mike. Estaba segura de que la sonrisa de Mike podría iluminar una habitación en la que reinara la oscuridad.
-¿Cómo sabes que trabajo en una heladería?-pregunté. Aunque el chico tenía pinta de ser agradable fui incapaz de no mostrarme recelosa.
-¿No te acuerdas de mí? Paso algunas veces por la heladería para ver a Mike.-al comprobar que yo no reaccionaba continuó-Aún estuve allí el jueves. Soy Jake-me ofreció la mano para que se la estrechara. La acepté.
-Yo soy Abril.
-Ya lo sé-volvió a sonreír, esta vez enigmáticamente mientras me guiñaba un ojo, en ese momento el metro llegó a mi parada.
-Esta es mi parada. Encantada-le sonreí mientras me ponía en pie para bajarme.
-¡Abril, espera!-me detuve mientras la demás gente continuaba bajando y me giré hacia él-Yo también bajo aquí.
Lo esperé y bajamos juntos.
-¿A dónde vas?- pregunté mientras ascendíamos por las escaleras que conducían a la superficie.
Me dijo el nombre de una calle pero como no sabía donde quedaba ese lugar le pregunté si quedaba en la misma dirección que Central Park y él me dijo que una parte del camino sí.
Caminamos juntos hasta el lugar donde nuestros caminos se separaron. Intercambiamos los teléfonos y cada uno fue en una dirección. Al cabo de unos cinco o diez minutos me encontré a las puertas de Central Park. Caminé un rato y llegué a Strawberry Fields. Me detuve unos instantes a observar el monumento cubierto de flores y, a continuación, reanudé mi marcha. Era magnífico. Resultaba difícil imaginar que todavía continuara en Nueva York. Tanta vegetación en una ciudad llena de rascacielos y coches. Me senté en la hierba a tomar un poco el sol y disfrutar de tanto aire fresco y puro. Permanecí allí unas dos horas, sin hacer absolutamente nada. Después, di un paseo y me marché a la estación de metro. Cogí el tren hacia Manhattan que estaba prácticamente vacío y llegué a mi casa, donde vi una película(aunque fuera en inglés rápido y fluído algo entendí) y después cené un filete y unas patatas que me sobraran de la comida. Esa noche puse otra película y tuve cuidado de no dormirme en el sofá que, aunque por el día era muy cómodo no lo era tanto como para dormir en él. Cuando acabó la película me metí en la cama, cosa que mi cuerpo agradeció después de un día largo.

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