Capítulo 36

Caminamos cogidos de la mano.
-Aún es pronto, paseemos-asentí. Debía admitir que estaba algo nerviosa. ¿Cómo serían sus padres? Si eran como Mike y Rachel no tenía de que preocuparme.
-¿A dónde vamos?-pregunté.
Se encogió de hombros.
-¿No visitaste la Catedral de Sr. John The Divine?
Negué con la cabeza.
-Pues vamos-Mike cambio drásticamente de dirección.
-¿Qué sabes de esa catedral?
-Fue construida en 1892 y es de estilo gótico. Ya la verás.
El camino se me hizo eterno. Estaba más lejos de lo que pensaba. Pero mereció la pena. Una estatua de un ángel nos dio la bienvenida. Era una catedral enorme. Las cúpulas adornaban sus torres. No había mucho más que describir. Era una catedral gótica. Imaginaos una. Pues ahí se acaba la cosa. Nos sentamos en unas escaleras que había delante de la catedral. Empezaba a hacer un calor sofocante. Faltaban dos horas para la comida.
-Habrá que caminar hacia mi casa-dijo Mike levantándose y tendiéndome la mano. Asentí y se la agarré.
El tiempo pasó y el camino se fue acortando hasta que nos detuvimos delante de un portal amplio, con las paredes pintadas de naranja claro y el suelo de baldosas. Mike sacó unas llaves del bolsillo y abrió la puerta. Me instó a pasar delante. Esperamos el ascensor que Mike llamó. Entramos y Mike pulsó un botón. El cuarto piso. Al subir, el ascensor, emitía un ruido muy desagradable. Un zumbido similar al que haría un enjambre de abejas cabreadas, pensé. La puerta se abrió a un pequeño recibidor donde tres puertas iguales nos llevarían a tres casas diferentes. Mike se dirigió a la de la derecha, el cuarto C. Abrió la puerta que daba a un recibidor cuadrado, de color amarillo pálido. Dejó las llaves en un mueble bajo, de madera que había a la izquierda de la puerta.
-¡Papá! ¡Mamá! ¡Ya estamos aquí!-voceó.
-¡Genial! Id al salón.
Mike me condujo a una habitación grande. Las paredes estaba pintadas de color arena. Un mueble grande, blanco estaba en la pared más alejada de la ventana donde se encontraban los sofás del mismo color que las paredes. Una alfombra en tonos naranjas se hallaba debajo de una mesa. Mike se sentó en un sofá y me indicó que me sentara a su lado. Continué observando la habitación. En las paredes había fotos, de unos señores bastante mayores que supuse que eran sus abuelos, de un matrimonio con dos niños pequeños, una niña y un niño, Mike y Rachel ya mayores…
Una mujer entró en la habitación. Tenía el pelo de un rubio clarísimo y unos ojazos azules iguales a los de sus hijos. Era menuda y de aspecto amable. Sonrió al verme, le devolví la sonrisa, algo nerviosa. Iba vestida de una forma muy juvenil.
-¡Hola, yo soy Maggie, la madre de Mike!-se acercó y me dio dos besos.
-Yo soy Abril.
-Mike nos habla muchísimo de ti.
Lo miró y se encogió de hombros, sonrojado.
-Ahora mismo viene Adam, el padre de Mike. ¡Adam! Ya está aquí la amiga de Mike.
Mike se acercó a mi oído:
-Son especialistas en avergonzarme-murmuró.
-¿Qué decías, cariño?-le dio un coscorrón cariñoso.
Un hombre entró por la puerta. Tenía el pelo color castaño claro y los ojos negros. Era alto y tenía aspecto de ejecutivo o algo por el estilo. Me sonrió. Era la sonrisa de Mike. Ya sabía de quien la había heredado.
-Ya veo, tú eres la chica que trae loca a mi Mike-me puse como un tomate.
Miré a Mike que estaba del mismo color que yo, más si cabe aún.
-Mamá, papá-farfulló-¿Comemos ya?
-Todavía no. Rachel fue a comprar con Tiffany y todavía no ha vuelto.
-¿Eres española, verdad?-preguntó la madre de Mike.
-Sí, de Barcelona, señora-musité.
-¿Señora? Llámame Maggie. Nosotros tenemos unos amigos allí, ¿verdad, Adam?
Adam asintió.
-¿Así que trabajáis juntos?-preguntó el señor… Adam.
-Sí-dije, esperando que Rachel llegara de una maldita vez.
Maggie se alejó diciendo que iba a ver que tal estaba la comida. Mike aprovechó para decirle a su padre que iba a enseñarme su habitación. Nos alejamos del salón para entrar en la tercera puerta del pasillo, del lado izquierda. Abrió la puerta y, después de que entráramos, cerró. La habitación era de color verde mar. La ventana estaba abierta y dejaba entrar los sonidos de la calle. Mike se tiró en la cama, suspirando. En las paredes había algún póster de All Time Low, su grupo favorito y unas estanterías abarrotada de libros, fotos y, sobre todo, recuerdos.
-¡Qué pesados! Cuando Rachel trajo a Jake a comer no se comportaron así. Fueron más, discretos.
Reí.
-Puedes sentarte-señaló con la cabeza la silla de escritorio donde se encontraba un ordenador de sobremesa.
Acepté el ofrecimiento.
El timbre sonó y la voz de Rachel nos llegó, lejana, amortiguada.
-¡Hoooooooola!
Al cabo de unos instantes la puerta de la habitación de Mike se abrió y Rachel entró.
-¿No te digo siempre que llames antes?-refunfuñó Mike.
-¡No!-negó su hermana-Hola, Abril. Dice mamá que vengáis a comer.
Me levanté y seguí a Rachel hasta la cocina que estaba decorada con azulejos de color marrón clarito. Esperé a que me dijeran donde debía sentarme.
-Siéntate ahí-me indicó Maggie.
Hice lo que me pidió, sentándome en la esquina junto a Rachel. Maggie sirvió la carne asada que estaba buenísima. Durante la comida casi no hablamos y nada más terminar Mike preparó su bolsa de playa y nos marchamos.

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Capítulo 35

Domingo. Me quedaban ocho días en Manhattan. No podía creerme lo rápido que había pasado el tiempo. Luego tendría que pasar más de un mes, casi dos, sin ver a Mike. Me deprimí un poco. Bostecé. Era demasiado pronto para pensar. Me dejé caer de nuevo en la cama. Permanecí así unos minutos, hasta que me obligué a levantarme. Me fui a la ducha. Puse música en la radio. Sonaba All Time Low:Now this place is familiar to him
She pulls on his hand with a devilish grin

She led him upstairs, she led him upstairs
Let him dying to get in
Otra melodía comenzó a sonar. Love the way you lie. Mi móvil. Fuera quien fuese tendría que esperar. Salí de la ducha con el albornoz puesto y busqué el móvil para ver quien me había llamado. Love the way you lie comenzó a sonar de nuevo. Miré el nombre de la persona que llamaba. El corazón me dio un vuelco. Mike.
-Hola, Mike-¿qué querría tan pronto? Aún no eran las siete. Me había acostumbrado a esos horarios tan… extraños.
-Buenos días,¿eh, maleducada?-bromeó. Esperé a que hablara pero siguió en silencio-Estoy esperando que me saludes-rió.
-Buenos días, pesado-refunfuñé aunque en mi habitación, sonreí.
-Así está mejor-aprobó Mike.
-Bueno, ¿qué es lo que quieres tan pronto?
-¿Te desperté?-preguntó Mike, repentinamente preocupado.
-No, me estaba duchando-¿quería ir al grano de una vez?
-¿Desayunaste?-¿a qué venía eso?
-No, ¿por?-estaba realmente intrigada.
-¡Ah, genial!-exclamó-No te muevas de donde estés-me advirtió.
-¿Por?-¿me contestaría de una maldita vez?
-No te lo puedo decir. No hagas nada. Nada. ¿Me entiendes?
-Sí.
-Nada de nada. No hagas absolutamente nada.
-Espera, espera ¿qué tenía que hacer?-bromeé.
Bufó.
-No hagas nada.
-Ya lo entendí-protesté-¿Pero porqué?
-Luego te lo digo. Adiós-colgó, dejándome con la palabra en la boca.
Suspiré mirando el teléfono. ¿Qué le pasaba ahora? Me fui a vestir. Sí, me había dicho que no hiciera nada pero… ¡no me iba a quedar en albornoz! Me vestí con lo primero que encontré y me sequé el pelo. Volví a tumbarme en la cama. ¿Qué se suponía que iba a hacer ahora? ¿Mirar las musarañas? Empezaba a aburrirme. Cogí la Blackberry y me conecté a Internet. Entré a mi perfil de una conocida red social y miré mis comentarios, mensajes privados y peticiones de amistad. En cuanto acabé me desconecté. Pensé en llamar a Mike pero no estaba muy segura. ¡Si en diez minutos no me llamaba se iba a enterar! La culpa la tenía yo por hacerle caso. Sacudí la cabeza, divertida. Hacía todo lo que me decía, cumpliéndolo a pies juntillas. El timbre de la puerta sonó. Una vez, dos, tres como si fuera una graciosa melodía. ¿Quién sería? Volvieron a llamar.
-¿Quién?-pregunté a través del telefonillo.
-¡Yo!-Mike. Supe que era él pero decidí tomarle el pelo por no contarme nada.
-Lo siento, no soy adivina-contesté con la mejor nota de aflicción en mi voz que fui capaz de entonar. Colgué el telefonillo, divertida.
Mike volvió a llamar.
-¡Soy Mike! Ábreme, anda-suplicó. Le abrí.
-Porque eres tú que si no…
Subió. Me miré en el espejo. Si lo hubiera sabido me hubiera arreglado más. Llamó al timbre, insistente.
-¡Ya voy!-me dirigí con toda la tranquilidad y calma que fui capaz de reunir.
Abrí la puerta y ahí estaba. Con unos vaqueros claros, piratas y una camiseta verde bosque. ¡Qué ridículo sonaba eso de verde ``bosque´´! Cada bosque tiene un color diferente. Dejémoslo en verde oscuro. Llevaba una bolsa en la mano. Sonrió ampliamente y se acercó a mí. Introdujo la mano entre mis cabellos, todavía algo húmedos. Lo hizo con calma. Sentí como mi respiración se aceleraba. Se acercó a mí y me besó. Le devolví el beso y ambos nos dejamos llevar. Permanecimos unos minutos así, unidos por ese instante mágico e irrepetible en que nuestras bocas se rozaron fundiéndose en una sola y luego, nos separamos.
-¿Vamos a la cocina?-asentí, impresionada por lo que había sentido apenas un instante antes.
Precedí a Mike que caminaba detrás de mí, silbando, despreocupado. Nos sentamos en la cocina y fui a preparar el desayuno.
-¿Desayunaste?-pregunté.
-No, a eso vengo-me sorprendí.
-¿Vienes aquí a desayunar? Yo que estaba pensando que tenía un novio romántico pero solo vino a mi casa a desayunar…-había utilizado la palabra ``novio´´. Entonces Mike ya era mi novio, oficialmente.
Él rió.
-No, tontina. Te traje el desayuno-sacudió la bolsa delante de mis narices.
-¡Oh, qué amable!-lo besé. Fue un beso fugaz.
Sacó dos vasos de cartón de Starbucks (me pregunté cual estaría abierto a esas horas) y unos cruasanes rellenos de mermelada. El mío era de frambuesa.
-Oye, ¿cómo sabías que la frambuesa es mi sabor de mermelada favorito?
Se encogió de hombros.
-Intuición masculina-sonrió socarronamente y siguió masticando su cruasán relleno de mermelada de melocotón.
Terminamos de desayunar.
-Hace un bonito día para ir a la playa ¿no te parece?-preguntó Mike. Me encogí de hombros.
-Si quieres ir…
-¿No te apetece?
-Si te apetece ir a ti, vamos-sonreír.
-Con estar contigo me basta-miraba al suelo cuando lo dijo, esperando mi reacción. Me sonrojé. Me acerqué a él y le alboroté el pelo, cariñosamente.
-Damos un paseo, llevo las cosas preparadas y tú te pasas por tu casa a por el bañador y eso ¿ok?-le susurré al oído antes de besarle.
-Perfecto-respiró hondo y me acompañó a mi habitación donde preparé mis cosas.
-¿Abril?
-¿Sí?-pregunté sin levantar la mirada de lo que estaba haciendo.
-¿Qué te parecería venir a mi casa y conocer a mis padres?-me quedé de piedra. ¿Me iba a presentar a sus padres?-No, mejor no… No sé en que pensaba…-se disculpó pensando que me había enfadado.
-No, Mike, está bien, vamos-asentí con la cabeza, intentando reforzar mis palabras.
-¿Estás segura? Si no quieres no pasa nada…-continuó.
-Segurísima. Voy a cambiarme-Mike se levantó de la cama donde se había sentado y fue al salón a llamar a sus padres.
Para la ocasión elegí un vestido naranja, corto, de flores con falda de volantes. Me calcé unas sandalias romanas negras y cogí la bolsa, diciéndole a Mike que nos podíamos ir.

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Capítulo 34

Nos encaminamos al lugar donde estaba Jake. Lo vimos, estaba cerca de una terraza donde su prima estaba sentada. Esperaba a Diego. Mike agitó la mano intentando llamar la atención de Jake que sonrió nada más vernos. En cuanto nos acercamos Jake comenzó a hablar:
-¿Todo claro?-asentí-Debe salir perfecto para que ese capullo tenga lo que se merece.
He de admitir que en el fondo sentía pena por Diego aunque, como bien dice el dicho, ``quien siembra viento recoge tempestades´´.
-¿Tu prima sabe lo que tiene que hacer?-pregunté, Jake asintió.
Nos sentamos en un banco cerceno a la terraza esperando la llegada de Diego. No nos hizo esperar demasiado. A los diez minutos apareció. Me puse nerviosa. No quería verlo de nuevo. Ahora estaba con Mike. Desde nuestro lugar escuchábamos todo lo que se decía en la terraza. Alana vio a Diego y se puso en pie. Lo besó en los labios, muy cariñosa. Él nos daba la espalda y ella nos guiñó un ojo.
-¿Qué es eso tan importante que querías decirme?-preguntó Diego.
-Sentémonos-Alana lo condujo a la mesa.
Se sentaron y ella empezó con el discurso:
-Es sobre la beca-los ojos de Diego se iluminaron y esbozó una sonrisa de triunfo-Pues es que estuve hablando con mi padre y me ha dicho que sí-se abalanzó a besarla pero ella lo detuvo-Pero ha habido un problema-puso cara de tristeza.
-¿Qué pasó, mi amor?-estaba disfrutando de lo lindo.
-Pues que Jake, mi primo, me llamó.
-¿Y?-no comprendía nada.
-Pues que me contó una cosa sobre ti-fingió entristecerse.
-¿Qué te contaron, preciosa?-le apartó un mechón de pelo de la cara.
-Que tú solo estás conmigo para conseguir la beca-dio un trago a su Coca-cola.
-¡Eso es mentira! ¡Yo te quiero!-fingió ofenderse. Mi momento se acercaba.
-Pues aquí hay una persona que dice que se lo has confesado.
-¿Quién?-me acerqué a la mesa-¿Abril?-no se lo esperaba el muy…
-Hola, Diego. ¿Entonces era mentira lo de que estabas con ella porque era la hija del rector y solo querías conseguir tu dichosa beca?-señalé a Alana con la cabeza.
-Eso… Yo… No sé que… Es mentira. No la creas. Quiere separarnos. Ella está enamorada de mí-lo intentó Diego, sin resultados.
-¿Yo? ¿Enamorada de ti? Lo siento pero lo estoy de otro-miré a Mike que observaba la escena, complacido.
-Tú misma lo dijiste…
-No. Estuve, estuve, pasado, terminado ¿lo comprendes? ¿O todavía no?-estaba muy, muy enfadada.
-¿Sabéis qué? ¡No os necesito! ¡Ya conseguiré la beca por mi mismo!-se dio media vuelta, dispuesto a marcharse.
-¡Pues ya te puedes ir buscando otra facultad…!-gritó Alana-Ese idiota se lo merecía. ¡Qué engañada estuve!
-Idem-nos acercamos a Mike y Jake.
-Has hecho bien-Mike me abrazó.
-Eso espero-me abracé fuerte a él, deseando que nunca me soltara.
Caminamos. Alana no dejaba de hablar.
-¿Cómo fue capaz de intentar engañarme? ¿Cómo fui tan imbécil? Solo para conseguir la beca esa de los co…
-Alana, ya está-Jake intentó calmarla sin éxito.
-¿Eres consciente de lo que ha hecho ese capullo?
-Bueno, nosotros nos vamos chicos-Mike intervino.
-Muchas gracias, Abril. Te estoy muy agradecida.
-De nada.
Tras despedirnos, nos alejamos.
-¿Así que estás enamorado de otro?
-Sí-lo besé.
-Humm… Creo saber de quien-sonrió Mike.
-Puede ser quien estés pensando-reí.
Nos acercamos a la estación para volver a Manhattan. Yo no tenía demasiadas ganas, ya que sabía que eso significaba separarme de él. El metro llegó y ambos subimos. No había asientos para ambos y él tuvo que ir de pie. En Manhattan fuimos a mi casa y él decidió quedarse un rato. Nos acurrucamos en el sofá a ver una peli y comer palomitas. Después Mike tuvo que irse y nos despedimos en la puerta de mi casa. Con un beso muy dulce, perfecto.

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Capítulo 33

Era feliz. Solo con eso era feliz. Estando a su lado. Su mano acariciaba la mía, con calma y serenidad.
-¿A dónde vamos, entonces?-me preguntó.
Me encogí de hombros y le respondí:
-¿No era improvisación?-le regañé, él negó-Pues a cualquier parte.
-¿Te apetece volver a visitar Brooklyn?
Acepté encantada. Caminamos hacia la estación de metro y compramos los billetes y nos sentamos a esperar el metro.
-¿Qué día te vas?-preguntó Mike.
-El trece-suspiré. Lo iba a echar muchísimo de menos-Menos de una semana.
Asintió en silencio, pensativo. No hablamos hasta que el metro llegó. Subimos y nos sentamos.
-Oye, Mike.
-Dime-me miró, sonriendo.
-Tengo que contarte una cosa-me detuve, cogí aire y reanudé la conversación-¿Sabes Alana, la prima de Jake?-asintió con la cabeza-Esto… buff… no sé como decirlo-Mike me apretó la mano, instándome a seguir-Pues que Diego está con ella solo para conseguir la beca en la Universidad-solté de golpe.
Me miró horrorizado.
-¡Qué ca…! ¿Desde cuándo lo sabes?-interrogó.
-Pues… no sé… -hice memoria-Desde antes de ir a Long Island.
-Luego quedamos con Jake y se lo decimos. Ese idiota va a salir de aquí escarmentado-rió Mike.
-¿Qué has pensado?-pregunté.
Mike me contó su plan y quedé complacida. Al fin Diego iba a tener su merecido. Se iba a quedar sin lo único que le importaba. Mike le mandó un mensaje a Jake y quedamos después de un par de horas en Brooklyn.
-En el fondo, me da pena-dijo Mike.
-¿Quién? ¿Diego?
Asintió, despacio:
-Sí, no sabe lo que tenía-seguí sin comprender-Tú-me sonrojé por el halago-Pudiste ser su novia y te rechazó solo por una beca-sacudió la cabeza-Una muestra más de los idiotas que no merecen la pena y andan sueltos por el mundo.
En mi mente surgió una duda.
-Mike, ¿tú renunciarías a la beca de Antropología por estar conmigo?-me asustaba su respuesta.
-Sin dudarlo-me besó en los labios. Sentí que me derretía por dentro.
Estaba claro. Mike era perfecto. Bueno, algún fallo tenía pero no se los tuve en cuenta.
-Te quiero-le susurré, con voz casi inaudible.
-Para-me sorprendió lo serio que lo dijo. Me asusté.
-¿Qué pasa?
-Esos señores mayores de allí-seguí la dirección de su mirada hasta que los localicé. Un señor y una señora. Sentados juntos, con bolsas de la compra a su alrededor-Nos estaban mirando, enfadados por que nos besáramos.
Me eché a reír bajito y lo besé otra vez.
-Así ya pueden pedir que nos echen a las vías.
Esta vez, ambos reímos. El metro se detuve y nos bajamos. Subimos las escaleras.
-¿Qué te parece si nos compramos un café en un Starbucks y unos bollos en una pastelería y nos sentamos en algún parque cercano?-pregunté.
-Genial, vamos al Starbucks.
Caminamos hacia allí y compramos dos frappuccinos para llevar. Mike fue a beber pero lo detuve.
-Espera, cuando compremos todo y lleguemos al parque.
Aceptó y buscamos una pastelería. Compramos unos cruasanes de chocolate y nos dirigimos al jardín botánico de Brooklyn, lugar del que Mike me había hablado.
Me quedé maravillada. Era hermoso. Los cerezos en flor se extendían flanqueando el camino lleno de hojas color rosa. Los cerezos se inclinaban con las ramas extendidas sobre un lago, cubriendo la superficie del agua de hojas rosas convirtiendo el lugar en un paisaje de cuento de hadas. Nos sentamos debajo de un cerezo a disfrutar del improvisado picnic.
-Este lugar es precioso-dije, sonriendo.
-No tan precioso como tú-dijo Mike poniéndose rojo como un tomate al igual que yo. Nos miramos y ambos estallamos en carcajadas. Lo nuestro no era ni halagar ni ser halagados.
Comimos y bebimos sentados en el césped. Luego nos tumbamos boca arriba, él con los ojos cerrados, yo con ellos abiertos mirando las nubes, el lago, los cerezos y, sobre todo, a él.
Un rato después el móvil de Mike sonó. Era Jake. La operación ``Diego´´(por llamarle de algún modo) había comenzado.

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Capítulo 32

A la mañana siguiente estaba rebosante de energía. Madrugué más que si hubiera tenido que ir a trabajar. Me duché, me puse un chándal y salí a hacer footing. Corrí, sin pensar como si mi vida dependiera de ello. Improvisé como me había enseñado Mike. Mis pasos me llevaron a Central Park que todavía dormía. El sol se atisbaba entre los rascacielos que parecía que intentaran rozar el cielo. Gente como yo, haciendo footing entraban y salían de Central Park. Gente que trabajaba los fines de semana. Paseantes de perros. Turistas madrugadores. Trabajadores del lugar. Parejas, familias, amigos, gente solitaria. Todo tipo de personas. No me extrañaba el mote de ``La ciudad que nunca duerme´´.
Corrí sin detenerme. Rodeé Central Park tres veces y luego salí en dirección a mi casa, también corriendo. Llegué, me cambié de ropa y me puse a limpiar. En menos de una hora todo estaba como los chorros del oro. Salí a comprar alimentos para preparar la comida de ese día. Compré espaguetis y salsa siciliana y también bebida. Subí a casa. Pensé que hacer a continuación. Tenía todo el día por delante y nada que hacer. ¿Llamaba a Mike para quedar? Bueno, a esa hora seguiría dormido. Lo llamaría después de comer a ver si podía quedar.
Encendí el televisor y puse la MTV. Estaban echando un programa de tuneo de coches que me entretuvo bastante. Para cuando acabó estaba hambrienta así que comencé a preparar la comida. Sintonicé la radio y empecé a canturrear en inglés. Sonaba Welcome to my life de
Simple Plan:
Do you ever feel like breaking down?
Do you ever feel out of place?
Like somehow you just don't belong and no one understands you
Do you ever wanna run away?
Do you lock yourself in your room with the radio on turned up so loud so that no one hears you screaming.
Adoraba esa canción, como casi todas las de Simple Plan. El agua empezó a hervir y coloqué en la pota los espaguetis. Me senté a seguir cantando mientras esperaba que la comida estuviera lista. Unas cuantas canciones después los espaguetis estuvieron preparados, solo faltaba echarles la salsa. Comí y nada más terminar cogí mi Blackberry para llamar a Mike. ¡Mierda! Me había quedado sin batería. La conecté al cargador, impaciente. En cuanto tuve suficiente batería busqué el número de Mike. En cuanto lo localicé, marqué. Al cuarto bip, cuando ya comenzaba a impacientarme, su voz se escuchó al otro lado del teléfono.
-¿Abril?-sentí un escalofrío cuando pronunció mi nombre. Lo hizo de una forma diferente que no soy capaz de explicar. Me percaté de las ganas que tenía de verlo. Me moría por verlo.
-Hola, Mike.
-Humm… Hola.
-Te llamaba por si te apetece quedar esta tarde…-dejé la frase sin acabar, esperando su respuesta.
-Vale. ¿A dónde te apetecería ir?
-Me da igual-``con estar contigo me basta´´, pensé.
-Entonces, improvisaremos, como la otra vez-sonreí-¿A qué hora quedamos?
-¿Estás libre ya?-me moría por verlo.
-Sí, ¿en una hora y cuarto te paso a buscar?
-Perfecto.
-Adiós. Un beso-¿de cuáles? Esperaba que en los labios.
-Chao. Otro-en los labios que conste.
Colgamos al mismo tiempo. Fui a cambiarme. Sí, todavía faltaba algo más que una hora pero no podía quedarme diez segundos quieta en el mismo sitio. Miré por la ventana. Hacía bastante sol. Me decidí por unos pantalones negros, bastante finos y por una camiseta azul (del color de los ojos de Mike) con mis sandalias romanas. Busqué las gafas de sol. ¿Dónde las había guardado? Ah, en el bolso negro. Las saqué y las guardé en el bolso vaquero que había elegido para esa tarde. Me senté en el sofá y encendí la televisión. Estaba tan nerviosa que ni me enteré de lo que estaba viendo. No paraba de mirar el reloj. Los minutos me parecieron horas. Al fin sonó el timbre. Corrí a abrir.
-¡Ya bajo!-no le dio tiempo a decir nada porque yo ya había colgado el auricular.
Cogí el bolso y me acerqué al espejo del baño a revisar mi aspecto. Me coloqué las gafas de sol en la cabeza, apartando mi pelo de los ojos. Abrí la puerta y llamé al ascensor. Bajé. Mike me esperaba en la puerta, sonriente, guapo.
-Hola-dijo.
No resistí a la tentación. Me acerqué y lo besé en los labios, dulce, cariñosa.
-Hola-susurré a su oído.
-¿No me llevas antes a cenar?-bromeó.
-Humm…. En todo caso a merendar, casi a comer-le seguí la broma.
-¿Te apetece ir a merendar?-preguntó.
-Vale, pero más tarde. Paseemos-le di la mano y comenzamos a andar.

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Capítulo 31

Por la mañana marché a trabajar muy ilusionada. Quería ver a Mike. Últimamente siempre estaba pensando en él. Era perfecto. Estaba empezando a volverme loca. Por él. Llegué bastante pronto, casi al mismo tiempo que Mike. Él llevaba unos días yendo antes para abrir porque el dueño no podía.
-Hola-sonreí.
-Hola ¿qué tal?-bostezó.
-Bien. ¿Tienes sueño?-inquirí.
-Sí, bastante. No dormí nada bien-me pregunté el porque pero no se lo dije.
-Pues hoy por la noche…
-Lo sé. Seguramente me pase la tarde durmiendo-rió Mike.
-Bah, total mañana es sábado.
-Sí, hablando del sábado, ¿tienes planes?-me sorprendí.
-No, no tengo nada que hacer-ojalá me pidiera para quedar y fuéramos juntos a algún sitio.
-¿Te apetece que vayamos a la playa o a dónde tu quieras?
-Genial. Elige tú.
-Mañana te digo.
Seguimos trabajando. A la hora de comer nos despedimos. Pasé la tarde en casa, mirando la tele y andando en el móvil. Llamé a mi familia. Empecé a arreglarme. Llevaría unos shorts vaqueros, una camiseta básica y una sudadera que hacía juego con mis botines negros. Rachel y Mike llamaron a mi portal. Me apresuré a bajar. En el espejo del ascensor comprobé mi aspecto. Bien, presentable, prueba superada. Bajé y los vi. Rachel llevaba el pelo recogido en una cola. Llevaba unos vaqueros ajustados y. una camiseta color verde caqui a juego con sus converse de estampado militar. Un bolso verde bosque completaba el conjunto. Mike estaba guapísimo y sentí que me derretía cuando me escudriñó con esos ojos azul cielo que comenzaban a volverme loca. Llevaba una camiseta holgada, color naranja que le sentaba fenomenal, unos vaqueros oscuros y unas deportivas negras. Casi todo el mundo diría que iba vulgarmente vestido pero para mí era como si llevara un smoking. Caminamos hacia el restaurante.
-¿A que restaurante vamos?
-A uno cercano. Jake nos está esperando-aclaró Rachel. Mike todavía no había abierto la boca.
Continuamos en silencio hasta que no aguanté más y empecé a hablar. Solté lo primero que acudió a mi mente:
-¿Dormiste hoy?-me dirigí a Mike.
-Sí pero no demasiado. Rachel no paraba con la música-se quejó.
-Oye…
-No he criticado a nadie así que no empieces-cortó Mike.
Llegamos a un local de comida mexicana. Jake estaba en sentado en una mesa. Nos sentamos y pedimos. Yo pedí tacos al igual que Mike y, Rachel unos nachos para compartir con Jake. Cenamos, pagamos y salimos en dirección a Central Park. El concierto empezó al poco de llegar. Estuve muy cerca de Mike, tal vez más de lo necesario pero ninguno de los dos se apartó. Disfruté de la música. Rachel y Jake se levantaron y Jake preguntó:
-¿Nos vamos?
-Ir yendo vosotros que nosotros vamos a dar un paseo todavía-me sorprendí pero no me negué.
-Ok.
Rachel me guiñó un ojo y se acercó a mí para susurrarme:
-A por él-sonrió, dándome ánimos.
Los vimos marchar y nosotros comenzamos a caminar en dirección contraria, adentrándonos en la oscuridad hasta alcanzar el resplandor de la farola más cercana.
-¿Nos sentamos?-asentí y aunque estuviéramos en la oscuridad Mike adivinó mi gesto. Nos sentamos delante de unos árboles. Mike me agarró la mano y se acercó a mí. Lo imité. Se inclinó ligeramente hacia mí. Sus labios rozaron los míos, tímidos, cariñosos pero dejándome espacio por si me negaba. Le devolví el beso que esta vez fue más apasionado y largo. Era maravilloso. Deseé que ese momento durara para siempre pero terminó. Ambos sonreímos. Entre los árboles se escuchó un crujido como unas pisadas.
-Venga, vámonos. Empieza a hacerse tarde-le di la razón y nos encaminamos hacia mi casa.
Estaba flipada. ¡Mike me había besado! Caminé sin enterarme de nada y cuando desperté, por decirlo de algún modo, estábamos en mi portal. Mike me acercó a él y me besó. Un beso largo y cálido, perfecto.
-Buenas noches, Abril-dijo Mike a modo de despedida.
-Buenas noches, Mike.
Abrí la puerta, llamé al ascensor y subí. En casa me puse a dar saltos de alegría. Por la noche casi no dormí pensando en esos labios, en ese beso y en algo más importante, el muchacho que me lo había dado.

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Capítulo 30

Me costó bastante encontrar la calle donde estaba el restaurante italiano pero, por suerte, Rachel sabía donde era. Encontramos una mesa libre y tras sentarnos ambas pedimos pizza. Mientras esperábamos que la comida llegara retomamos la conversación:
-Creo que debes hablar con mi hermano-no me miró cuando lo dijo.
-No, yo no…-no supe que decir aunque en el fondo sabía que lo que me faltaba era valor. Suspiré.
Rachel continuó sin mirarme. Pasaron unos segundos eternos hasta que habló.
-¿Qué te parece si nos olvidamos de esos dos un rato? Estoy segura de que no están pensando en nosotras-sonrió. Le devolví la sonrisa, algo aliviada.
La pizza no tardó en llegar. Llevaba mucho tomate y queso italiano, contenía un montón de especies que no logré identificar junto con las más típicas como el perejil y el romero.
-Está buenísima-dijo Rachel con la boca llena. Asentí con la cabeza.
Comimos en silencio. Un camarero vino a preguntarnos si querríamos postre. Rachel asintió con la cabeza pero yo negué. Rachel pidió Pannacotta, sonreí al recordar la vez que fui a comer con Mike y él pidió eso.
-¿De qué te ríes?-le conté lo que había recordado-¿No te dije que nada de pensar en ellos?-me regañó. Asentí recordando nuestro pacto.
Cuando Rachel terminó pagamos y salimos del local.
-¿A dónde vamos?-no contestó ya que su móvil comenzó a sonar.
Sonrió y contestó:
-¿Ya nos echáis de menos?-preguntó en tono meloso. Calló escuchando lo que le decían al otro lado de la línea-Oh, vamos no seáis pesados-volvió a quedarse unos minutos en silencio-Luego os llamo-colgó y murmuró-Pesado-pero por su rostro se extendió una sonrisa.
-¿Eran ellos?-pregunté.
-Sí, que si ya comiéramos y así quedábamos. ¡No pueden vivir sin nosotras!-exclamó divertida.
-¿Qué vamos hacia donde están?-negó intensamente con la cabeza-¿Entonces…?
-Vamos a Central Park-dijo muy segura. La miré sin comprender-Es que ellos están muy lejos, entonces cuando nos cansemos de hacerlos esperar los llamaremos para que vengan-rió-Eso no es todo. Estaremos un poco en Central Park y luego les pediremos para ir otra vez a donde están ellos-soltó una carcajada, reí con ella. Me gustaba la idea de hacerlos rabiar-Ya verás que cara ponen-seguimos riendo hasta nuestro próximo destino.
Llegamos a Central Park y buscamos un sitio para tumbarnos. Encontramos una explanada prácticamente vacía y nos sentamos a esperar y a maquinar el plan. Debía ser perfecto. A los veinte minutos los llamamos. Empezaron a quejarse pero aceptaron. Cuando hablamos con ellos apenas fuimos capaces de contener las carcajadas. Pero hicimos esfuerzos por parecer normales y que no sospecharan nada. Tardaron en llegar. Un silbido nos llamó la atención y vimos a dos chicos agitando la mano en nuestra dirección. Nos incorporamos y les devolvimos el gesto pero no nos acercamos
Jake y Rachel se saludaron con un beso en los labios aunque Mike estaba delante. Nosotros nos quedamos parados a una distancia prudencial, mirándonos. Desde el amago de beso (no se le podía llamar de otro modo)ambos estábamos muy tensos. Sonreí dudosa. Una radiante sonrisa se extendió por su rostro. Rachel y Jake se acercaron y nosotros respiramos, aliviados. Nos sentamos en la hierba. Estaba nerviosa. Si a partir de ahora me iba a pasar eso cada vez que estuviera cerca de Mike… Estuvimos cerca de una hora tumbados, sin hacer absolutamente nada. Rachel levantó la mano. Era la señal. Comencé con mi discurso:
-¿Porqué no vamos a dar una vuelta?-levantaron las cabezas y me miraron-Venga, vamos a Times Square-me levanté y Rachel me siguió tirando de Jake.
-¿Estáis locas? Venimos de allí-protestó Mike.
-No me di cuenta-mentí. El plan salía a la perfección.
-Venga, vamos-Rachel habló con esa voz melosa de antes y le puso ojitos a Jake.
-Está bien-se rindió. Ella como agradecimiento le dio un corto beso en los labios.
Mike bufó y se levantó del suelo. Nos encaminamos hacia Times Square. Los dejamos ir delante y nosotras empezamos a hablar en voz muy baja, una al oído de la otra.
-Esto está saliendo genial-dije.
-Sí, se lo están tragando todo-rió Rachel.
-Se van a poner como basiliscos cuando les contemos que es una broma.
Ambas reímos. Mike y Jake se giraron:
-¿Qué estaréis tramando vosotras dos?-Mike retrasó el paso para acercarse a nosotras.
Rachel comenzó a acercarse a Jake y yo le lancé una mirada de desespero. Me apretó la mano y empecé a caminar con Mike. Noté que me miraba de reojo. Me puse nerviosa. ¿Qué le decía? Su mano buscó la mía, Mis nervios aumentaron pero no me solté. Intenté relajarme. Inspirar, expirar, inspirar, expirar. Estaba tan concentrada que no vi el adoquín por lo que tropecé y si no llega a ser por Mike me habría chocado de bruces con el suelo. Me sujetó.
-¿Estás bien?
-Si, sí…
-¿No te has torcido el tobillo?
-No, no ha pasado nada-estábamos muy cerca, nuestros rostros casi rozándose. Sentí el impulso de besarle. Mike se apartó y seguimos caminando en silencio.
Al cabo de un rato caminando a paso rápido llegamos a Times Square. Nos acercamos a un Starbucks cercano y encontramos una mesa libre. Nos apresuramos a sentarnos y a pedir. Hablamos de que planes había para el día siguiente. Ese día había una actuación en Central Park por la noche y quedamos en ir todos juntos. Quedaríamos a media tarde, daríamos un paseo y luego cenaríamos pronto para no perdernos el concierto. Cuando todo estuvo planificado salimos y nosotras empezamos a caminar en dirección contraria a nuestras casas.
-Ey, creo que os confundís de dirección-dijo Jake señalando el otro lado.
-¿No damos un paseo?-preguntó inocentemente Rachel.
Las caras de Mike y Jake fueron un poema y nosotras estallamos en carcajadas.
-¿De que os reís?
-De vosotros-consiguió decir Rachel-Todo es una broma-dijo, ya más seria. Nos miraron sin comprender-Lo de pasear, haceros ir a Central Park y luego hasta aquí era una broma.
Se miraron y se acercaron, rápidos. Jake cogió a Rachel y le susurró algo al oído tras besarla. Ambos rieron. Mike se acercó a mí y me sujetó las manos. Me las puso a la espalda. Me apartó el pelo de la cara. Mi corazón empezó a latir, acelerado. Un sentimiento brilló en sus ojos azules pero, sacudiendo ligeramente la cabeza, se apartó de mí.
-Vamos a casa. Empieza a hacerse tarda-todos le dimos loa razón a Jake y comenzamos a caminar hacia nuestras casas, todos inmersos en nuestros propios pensamientos
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