Capítulo 13

-¿A dónde vamos?-preguntó.
Me encogí de hombros.
-A donde tú quieras-dije.

-Pues vamos al Jardín Botánico.
Sonreí recordando la vez que fuimos al de Brooklyn.
-Sí, vamos por lo de Brooklyn-rió-¿Cómo me puedes conocer tan bien?
-No lo sé-sacudí la cabeza.
-Yo creo que no te conozco tan bien. Eres todo sorpresas.
-Tampoco será para tanto.
-¿Quieres probar?
-Adelante.
-Te explico, tú haces una pregunta y yo tengo que contestar bien.
-¿En qué continente está China? Tic-toc, tic-toc-dije imitando el sonido de un reloj.
-Idiota-rió-Sobre ti.
-Ah-hice como si comprendiera todo de repente-Pero has cambiado de tema porque no sabías la respuesta.
-Venga, ya.
-¿Cómo me llamo?-elevó los ojos al cielo-¡Dijiste que hiciera preguntas sobre mí! Si no lo sabes…
-¡Mike! Te llamas Mike-gritó-Siguiente pregunta.
-Mi color favorito es el…
-Verde-contestó, muy segura.
-Mi grupo favorito.
-Bullet for my Valentine.
-Película preferida.
-lndiana Jones.
-Me empiezo a quedar sin preguntas-musité, pensativo-Mejor amigo.
-Jake, vaya preguntita.
-Nombre de mis padres.
-Adam y Maggie.
-Abril ¿podemos parar? Si tú sabes más cosas de mí que yo.
Rió.
-No-fue rotunda.
-Deporte favorito.
Pensó un instante antes de continuar.
-Fútbol.
-Acertaste. Libro favorito.
-El señor de los anillos de J. R. Tolkien.
-Paramos ya que no se me ocurre más-reí.
-Está bien-asintió.
-¿Queda mucho?
-No, ya casi estamos…-se sumió en sus pensamientos hasta que llegamos.
Me llevó de la mano por aquel parque, no demasiado similar al de Brooklyn pero igualmente hermoso. Los frondosos árboles flanqueaban el camino y las pocas flores que todavía quedaban simulaban notas de color en un mundo gris y aburrido. Nos sentamos en un banco. Abril me acarició el pelo.
-¿Sabes? Tengo que entregar un trabajo dentro de una semana y aún no empecé-rió.
-Tal vez deberías dejar de hacer tanto el vago con tu novio y ponerte a estudiar-le dije antes de besarla.
-Humm… Seguramente sea mejor pero es que ¡me encanta mi novio!-rió.
-A mí también me gusta mi novia-murmuré.
-¡Qué casualidad!
-Ya te digo.
-¿Veinte minutos y nos vamos?
Asentí. Eso hicimos.

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Capítulo 12

En unos días no sucedió nada fuera de lo común. Abril no volvió a hablar con Diego (que yo supiera), Clara me seguía persiguiendo (aunque logré evitarla en la medida de lo posible)…. Vamos, lo normal.
Uno de esos días en los que el otoño comenzaba a dar paso al invierno, yo caminaba con Abril que se acercó a una chica de pelo negro y ojos verdes que caminaba cerca nuestras.
-¡Hola, Rocío!-se acercó a la chica y la saludó con dos besos.
-¡Tía, cuánto tiempo! No te he visto nada este verano…-dijo.
-Normal-dijo sonriendo.
-¿Por? Supuse que me llamarías alguna vez-reprochó Rocío.
-Estuve un mes en Manhattan-explicó Abril, mirándome de reojo.
-¿En Manhattan?-exclamó impresionada-¿Con Diego?
¡Ya estábamos otra vez!
-Sí, vi a Diego-evitó dar detalles Abril.
-¿Y qué?-dijo esbozando una picarona sonrisa. Abril fingió que no sabía de que hablaba-¿Vosotros ahora estáis juntos?
-No, estoy con él-dijo volviéndose hacia mí y tirando de mi mano para acercarme a ella.
-¿Y él quién es?-cotilleó Rocío.
-Mike.
-¿Mike? ¿No eres de aquí, verdad?
-No, soy de Manhattan-sonreí.
La miró, pidiendo una explicación. Abril se encogió de hombros.
-¿Te importa que te dejemos un minuto solas? Hace mucho que no nos vemos y ella tienes muchas cosas que contarme-dijo con un leve tono de reproche en la voz.
-Claro, os esperaré aquí.
Comenzaron a andar.
-¿Quieres explicarme quién es ese guapetón y qué ha pasado con Diego?-escuché preguntar a Rocío.
Me apoyé en una pared. ¿Por qué en todas las conversaciones, o, mejor dicho, en mi vida siempre aparecía Diego? Si antes me caía mal, ahora… Escuchaba hablar de él en todos los sitios. Bueno, escuchaba a Abril hablar con él a escondidas en todos los sitios. Eso de a escondidas… Dejé de comerme la cabeza y saqué el móvil del bolsillo para jugar al tetris, mi pasatiempo preferido.
-¡Hola, Mike! ¿Qué haces aquí?-Clara se acercó.
Hola, Clara. Pues nada, esperar a Abril.
Compuso una expresión de disgusto.
-Oh. ¿Te apetece dar una vuelta?
-Lo siento, no puedo-me encogí de hombros y le dirigí una sonrisa.
-Pues que pena. Adiós, tengo prisa-se alejó por la calle en la que divisé las figuras de Rocío y Abril.
-¿Esa no era Clara?-preguntó Abril al acercarse.
-Si.
-Ah, ya me pareciera.
-Yo me voy, chicos. ¡Qué disfrutéis! Encantada de conocerte, Mike y ¡Tú y yo ya hablaremos con más calma!-dijo severamente a Abril mientras la señalaba con un dedo acusador.
-¿Nos vamos?-dijo Abril mientras Rocío se alejaba.
Asentí y nos marchamos.

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Capítulo 11

Me desperté en el sofá, tapado con una manta. Me arropé y cerré los ojos. La voz de Abril me llegó, amortiguada. Me incorporé, buscándola con la mirada. Su voz me llegó de su habitación. Me levanté, doblé la manta y me acerqué a su habitación.
-No-se interrumpió y en unos segundos volvió a hablar con energía renovada-Lo siento, compréndeme-eché un vistazo a través de la puerta entornada. Estaba sentada en la cama hablando por teléfono-Diego, compréndeme yo ahora mismo no quiero hablar. Aún estoy confusa.
¿Confusa? No, otra vez no… Cerré los ojos, abatido.
-Diego, lo siento, ya hablaremos cuando tenga las ideas más claras. Perdóname, en serio. Sé lo que esto significa para ti pero…-calló escuchando a Diego. Volví a mirar y vi que estaba sonriendo-Está bien. Ya hablaremos. Adiós.
Suspiró y se levantó. Me apresuré a volver al salón y sentarme en el sofá.
-¡Hola, guapo!-dijo muy risueña-¿Llevas mucho despierto?
Se acercó y me dio un beso en la mejilla. ¿Eso era una mentira?
-¡Qué va! Si me acabo de despertar ahora-fingí un bostezo.
Sonrió y me abrazó.
-Te quiero tanto-me dijo al oído.
-No tanto como yo-repliqué.
-Ya, seguro…-dijo con un deje amargo en la voz.
-Seguro-la besé en los labios.
Se alejó en dirección a la cocina.
-Voy a tomar algo de beber, ¿tú quieres algo?-ofreció.
-Si, lo mismo que tú.
-Está bien-su voz me llegó desde la cocina.
El ruido del líquido al caer en un vaso inundó la casa. El goteo cesó y Abril se acercó con un vaso en cada mano. Me apresuré a coger el mío. Acerqué el agua a mis labios con rapidez pero Abril me detuvo.
-Cuidado, que está de la nevera con hielo-me advirtió.
-¿A mediados de octubre pones el agua con hielo en la nevera?-me extrañé-¿Qué quieres? ¿Recrear el iceberg del Titanic y luego bebértelo?-reímos.
-Tengo un sueño…-se quejó.
-¿No dormiste?
-No-se sonrojó.
-¡Gracias!-exclamé, malhumorado.
-¿Por?-dijo arqueando las cejas.
-Por hacerme sentir culpable-esperó una explicación más detallada-Vengo a casa tuya a dormir.
-Anda, déjalo.
Me tumbé y ella se recostó sobre mi pecho después de dejar los vasos en una mesita baja.
Empecé a cantar:
Your tears don't fall they crash around me
Her conscience calls the guilty to come home
Your tears don't fall they crash around me
Her conscience calls the guilty to come home

The moments died, I hear no screaming
The visions left inside me are slowly fading
Would she hear me, if I call her name?
Would she hold me, if she if she new my shame?
-¿Qué haces?-preguntó entre risas.
-Cantar-contesté como si fuera le estupidez más grande que escuchara en toda mi vida.
Sacudió la cabeza.
-Estás loco.
-¿Y quién no?-dije encogiéndome de hombros.
Asintió con la cabeza.
-Creo que me marcho-observé el reloj mientras lo decía.
-¿Ya?-se entristeció.
-Si.
-Adiós-dijo levantándose.
-¡Qué prisas! No hay quien te entienda. Primero me dices que si me voy ya, ahora me echas…-meneé la cabeza-La juventud de ahora-recordé aquel día, en el metro, cuando unos señores nos miraron mal por besarnos.
-Ya te digo-me besó y nos acercamos a la puerta.
-Chao-la besé, sin ganas de irme.
-¡Vete ya!-me empujó-No seas pesado.
Me giré, le sonreí y me marché.

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Capítulo 10

Las clases terminaron. Me levanté para marcharme y Clara me siguió. Esa chica comenzaba a agobiarme.
-¿Tienes algo que hacer hoy?-me sonrió.
Le sonreí a la vez que me encogía de hombros.
-No sé, seguro que quedaré con mi novia.
-Bueno, pero no todo el día. ¿O si?
-No-murmuré sintiendo que se me acababan las excusas.
-¿Me invitas a comer?-dijo mirándome de una manera coqueta que me dio escalofríos.
-Está bien-dije caminando hacia la salida.
Mostró una sonrisa de triunfo mientras aceleraba el paso para situarse a mi lado. Bajamos las escaleras y una voz conocida me detuvo.
-¿No saludas o qué, antropólogo?-su voz intentaba sonar divertida aunque en verdad mostraba un deje de enfado que pocas veces había escuchado.
-¡Hola!-le dediqué una sonrisa y me acerqué a ella.
-Así está mejor-miró de reojo a Clara.
Acaricié su cara y la besé, intentando disipar su enfado.
-Me parece que hoy no vamos a comer juntos-Clara se hizo notar.
No hablé y miré a Abril esperando una respuesta. No me miró y se cruzó de brazos.
-Supongo que si-musité.
-Mike, por mí ya sabes que puedes ir, que esté aquí no implica que te obligue a venir conmigo. Eres libre de hacer lo que quieras-cuando lo dijo no levantó la vista de su pie con el que estaba trazando círculos imaginarios en el suelo.
-Lo siento, Clara, ya quedaremos otro día-me disculpé dirigiéndole una sonrisa, o más bien, intento.
-Sí, no pasa nada-dijo dando media vuelta y echando a andar con aires de supermodelo.
-No tenías porque rechazarla tan abiertamente-me dijo Abril.
-No, la he rechazado. ¡Si solo es una amiga!-exclamé.
Levantó la vista del suelo y me miró con suspicacia. Caí en la cuenta del error. Ella no había dicho que fuera algo más que una amiga y yo había insinuado todo lo contrario.
Ignoró mi comentario. La abracé, intentando negar lo que había insinuado. En aquellos momentos una frase rondaba mi mente: <<¡Soy gilipollas!>> Me devolvió el abrazó, hundiendo la cabeza en mi hombro.
-Te quiero-suspiró.
-Y yo-le acaricié el sedoso pelo.
Estuvimos así un par de minutos hasta que nos separamos.
-Hablé con mis padres-dijo sonriéndome muy contenta.
-¿Y qué? ¿Cuándo me matan?-me dirigió una mirada divertida-Lo digo por hacer el testamento aunque no hay prisa.
-Me dijeron de hacer una comida especial a mediados de diciembre-musitó.
-¿Mediados de diciembre?-exclamé-¡Pero si aún no estamos en noviembre!
Se encogió de hombros, sin querer responder aunque su rostro habló sin palabras. Querían comprobar si por entonces seguíamos juntos. Tragué saliva.
-¿Dónde comemos?-cambió de tema rápidamente.
Me encogí de hombros. No tenía demasiado apetito.
-¿Elijo yo?-asentí-Vamos a mi casa que no tengo ganas de caminar.
Asentí de nuevo y nos marchamos a su casa.
A medio camino sentí que debía disculparme.
-Lo siento.
-¿El qué?-me dirigió una mirada confundida.
-Lo de antes-dije reticente a sacar de nuevo el tema de Clara.
-No ha pasado nada-negó ella aunque no se lo creyó.
Bufé. ¡Qué difíciles eran algunas cosas! Llegamos a su casa donde comimos unos macarrones con salsa de tomate. Nos tumbamos en el sofá y me quedé dormido.

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Capítulo 9

Estaba flipando. Nunca en mi vida me había pasado algo así. Sacudí la cabeza, no sabía si reír o llorar. Esperaba que esa chica no se me volviera a acercar. Solo con pensar como se había enfadado Abril porque la mirara, si Clara era mi amiga… Me estremecí. Sería como desencadenar una tempestad. No entendía nada. Tal vez debía llamar a Jake. Me planteaba esa opción cuando me di cuenta de que cabía la pequeña (o gran) posibilidad de que él estuviera con Rachel y ella hablara con Abril o actuara por su cuenta. No sé cual de las cosas era más terrible. ¿Hablar con Abril o Jake? ¿De qué? No había nada que preguntar, decir o hacer. Yo estaba con Abril y la quería. Después, esa chica tan guapa por mí podía hacer lo que quisiera siempre que no hiciera nada que perjudicara mi idílica relación. ¿Idílica? ¡Vaya palabreja! Llegué a casa y comencé a bostezar. Preparé la cena y llamé a Abril, la echaba de menos.
-Hola-susurró.
-Hola, ¿pasa algo?-pregunté por su reservado tono de voz.
-Es que estaba cenando con mis padres-musitó.
-Oh, claro, entiendo. ¿No se lo has dicho?-indagué.
-No.
-Lo siento. Ya hablaremos. Te quiero-dije atropelladamente.
-Yo también. Adiós-susurró y colgó.
¡Vaya lío! Esperaba que se lo tomaran a bien. Ojalá Abril lograra retrasar el encuentro el mayor tiempo posible. Fregué los cacharros y me acosté.
A la mañana siguiente madrugué y fui a la Facultad. Ocupé mi sitio habitual cuando todavía no habían llegado la mayoría de los alumnos. Le envié un mensaje a Abril preguntándole si sus padres se enfadaran mucho y, a continuación, silencié el móvil. Una voz me sobresaltó mientras ojeaba mis apuntes.
-¡Hola, Mike!-no, era ella. Suspiré silenciosamente y levanté la vista.
-Hola, Clara-forcé una sonrisa.
-Algo me dice que no te alegras de verme-dijo sentándose a mi lado y sonriéndome.
-No, que va…-le resté importancia-Solo es que estoy cansado-me excusé fingiendo un bostezo.
-Ah, bueno y ¿qué tal?
-¿Qué tal el qué?-pregunté.
-Con tu novia-contestó como si fuera la pregunta más tonta que le habían echo en toda su vida.
-Pues… muy bien, creo-respondí.
-¿Crees?-rió.
No respondí y volví a revisar mis apuntes. ¿Todavía faltaba mucho para que comenzaran las clases? No aguantaría mucho tiempo más esa extraña conversación. Al fin entró el profesor y comenzó a hablar. Anoté todo lo que decía, apresurado. Algunas cosas no las comprendí del todo pero se las preguntaría a Abril cuando la viera o las miraría en Internet. Las veces que dirigí la vista a Clara me dirigió una sonrisa y un travieso guiño de ojos.

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Capítulo 8

Me empecé a poner nervioso. ¿Qué querría? Se acercó a mí y se sentó en el banco, a mi lado. Me quedé petrificado.
-¡Hola!-saludó sonriéndome con unos dientes blanquísimos.
-Hola, ¿te conozco?-musité con la mirada baja y las mejillas sonrosadas.
-Sí, vamos a la misma Facultad. Tú, eres Mike y yo Clara-me explicó como si yo fuera algo tonto.
¿Cómo sabía quien era? Parecía ir con ventaja.
-¿Cómo sabes mi nombre?-pregunté mirándola con los ojos entornados.
-Miré en las listas y supuse que tú serás Mike Romson-dijo sonriendo.
-Pues acertaste-dije, receloso.
-Ya lo sabía. Siempre acierto-dijo elevando la cabeza altivamente.
-Lo siento, me tengo que ir-dije levantándome.
-Espera, espera, no te vayas. ¿Aquella chica era tu novia?-preguntó.
Me giré. ¿Qué le interesaba que fuera mi novia? ¡Eso era asunto mío! Comencé a enfadarme.
-Si, es mi novia. ¿Por?-contesté de mal humor.
-Por saber, no te vayas, siéntate un rato-obedecí aunque quería marcharme enseguida.
-¿Qué quieres saber?-le dije, mostrándome arisco.
-¿Eres americano, no?-dijo retorciéndose un mechón de su dorado cabello y mirándome de una forma extraña.
-Sí, de Nueva York.
-¡Oh, qué bonito lugar!-empezó a parlotear y yo dejé de hacerle ningún caso.
Recé para que mi móvil sonara y pudiera marcharme de una vez.
-¿Te pasa algo conmigo?-preguntó directamente.
-No, nada…-me excusé torpemente.
-Con tu novia parecías más hablador-soltó con descaro.
¡Normal, por algo es mi novia! Estuve tentado de decirle pero callé.
-Bueno, chao, supongo que estarás deseando librarte de mí-dijo con voz lastimera a la vez que se levantaba.
-¡Espera!-le grité mientras ella se alejaba. Me sentía culpable. Había sido muy borde con aquella chica que no me había hecho nada malo.
-¿Qué quieres?-preguntó mientras sus ojos verdes se iluminaban.
-Lo siento, he sido un borde, créeme normalmente no soy así…
-Te creo-se acercó a mí con calma.
Su boca se acercó peligrosamente a la mía hasta que, bruscamente, hizo un quiebro y me besó la mejilla.
-Adiós-susurró a la vez que me guiñaba un ojo.
Me quedé mirándola, petrificado. ¿De qué iba esa chica? Sacudí la cabeza y me marché del paseo marítimo.

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Capítulo 7

Después de fregar me tiré en el sofá. Las dudas me inundaron de nuevo pero no les hice sitio en mi mente. Abrí el ordenador y entré a mi Facebook. Comprobé todo y estuve charlando con algunos amigos del instituto. A media tarde me desconecté y apagué el ordenador. Me calcé y decidí ir a dar una vuelta por Barcelona. Mis pasos me guiaron al paseo marítimo donde la brisa salada me envolvió por completo. Me senté en el banco donde había estado con Abril. Respiré hondo. Me gustaba el mar. Sentir la brisa fresca alborotar mi pelo, no ver el fin del inmenso océano que se extendía ante mí recordándome lo insignificante que era yo en este mundo. Resultaba casi cómico ver lo pequeños que éramos en este enorme mundo y lo importante que puedes llegar a ser para alguna gente. Mi móvil sonó. Lo saqué del bolsillo con rapidez deseando acallar la música que había interrumpido la calma que se respiraba en el aire y llenaba el lugar de un ambiente pacífico. Era Abril.
-¡Hola!-la saludé con alegría.
-Hola, Mike-dijo antes de soltar un hondo suspiro y sumirse en un largo silencio que me vi obligado a interrumpir.
-¿Qué pasa?-pregunté, algo receloso.
-Nada, solo quería hablar contigo-musitó.
-Pues habla rápido que tengo a los accionistas de Wall Street por la otra línea.
Rió. Sonreí. Me encantaba esa risa.
-Pues, bueno, entonces te dejo-mi respiración se aceleró hasta que me percaté de que hablaba de colgar en el teléfono.
-No, si ya han colgado. La bolsa ha bajado dos puntos-me lamenté.
-¡Qué pena! Y todo por mi culpa-exclamó.
-Sí, esto no te lo perdono-reí.
-¿Dónde estás?-me sorprendió el repentino cambio de tema.
-En el paseo marítimo ¿por?
-Por que si me queda cerca bajo un rato. Total, no estaba haciendo nada. Estoy en casa de mis padres que se han tenido que ir y no tengo nada mejor que hacer.
-Muy bonito, muy bonito-dije con aire pensativo.
-¿Qué es bonito?
-Pues bonito es un adjetivo que se utiliza…-continué bromeando.
-¡Mike!-gritó a través del teléfono.
-Ah, ya sé a que te refieres. Que me llames cuando te aburres-dijo haciéndome el enfadado.
-Hombre, si no ¿para que te quiero?-rió.
-¿Solo me quieres como novio para cuando te aburres?-exclamé con aire horrorizado.
-Si, si. Bueno, quédate donde estás que ahora bajo-se apresuró antes de colgar el teléfono.
Suspiré mientras guardaba el móvil. Esperaba que no tardara mucho… Me acomodé en el banco. Cerré los ojos durante unos instantes. Los abrí y saqué otra vez el móvil y empecé a jugar al Tetris. ¡Maldito juego! No había quien lo terminara. Suspiré exasperado a la vez que levantaba la mirada. Una chica me estaba mirando fijamente con una pícara sonrisa en el rostro. Era rubia, de ojos verdes, alta y bastante guapa. Tendría mi edad, más o menos. Iba vestida con una camiseta muy escotada y una falda bastante corto junto con unos zapato de tacón. Me saludó con la mano. Le devolví el saludo a la vez que apartaba la mirada. ¿La conocía de algo? Lo dudaba. Elevé la vista buscando a Abril. No aparecía y la chica esa seguía mirándome y sonriéndome. Me sonrojé. ¿Faltaba mucho para que Abril apareciera? Miré a ambos lados evitando la mirada de aquella muchacha. Miré el móvil concentrándome de nuevo en el juego pero acabé por dejarlo al par de minutos. La chica seguía allí, mirándome con esos ojos verdes, fijamente, sin apartar la mirada un instante. Hizo gesto de acercarse. No supe que hacer pero, por suerte, Abril me sacó del embrollo. Suspiré y me acerqué a ella.
-¡Hola!-por su rostro se extendió una sonrisa aunque tenía el ceño ligeramente fruncido.
-¡Hola, chica mala que llama a su novio cada vez que está aburrida!-dije alborotándole el pelo mientras sonreía.
Me dirigió una mirada asesina aunque sonrió mientras nos volvíamos a sentar en el banco.
-¡Calla, calla que aún tengo que llamar a Rachel!-me amenazó.
Callé al instante.
-Mira, ¡que fácil es chantajearte!-se jactó.
-No, ya, para ti es muy fácil.
-Lo sé-dijo poniendo un gesto de chulería.
-No chulees tanto que…
-¿Me amenazas otra vez?-dijo sacando el móvil y pasándolo por delante de mi cara.
-No, señorita-dije poniéndome firme y fingiendo una voz militar.
-Así me gusta-sonrió.
Mi vista se dirigió hacia la chica rubia de antes. Seguía en el mismo lugar, con el ceño fruncido, mirándonos descaradamente. Abril me miró con expresión de enfado.
-¿Qué pasa?-me espetó siguiendo la dirección de mi mirada.
-Nada, nada…--me disculpé torpemente. No quería que pensara que me interesaba por otras.
-Ya, seguro…-dijo en tono de enfado.
-¡Te estoy hablando en serio!-exclamé en un tono de voz tal vez demasiado alto. ¿Cómo podía pensar que me interesaba por otra?
Apartó la mirada y no respondió. Estuvimos un rato en silencio. Yo, mirándola y ella con la cabeza gacha.
-Lo…-comenzó a decir ella a la vez que yo.
-Per…
-Habla tú-dijo, levantando al fin la mirada.
Me encogí de hombros y empecé a hablar.
-Perdón, no debería a ver sido tan cortante-me disculpé.
-Yo soy la que tiene que pedir perdón. Pensé que…-no terminó la frase pero entendí a que se refería.
-No pasa nada-le acaricié el rostro antes de besarla.
Cuando nos alejamos habló.
-Gracias-susurró.
-¿Por?-me extrañé.
-Por estar siempre a mi lado.
-De nada-dije-Además no siempre estoy a tu lado. Hay veces que no estamos juntos.
Sacudió la cabeza.
-¿Cómo tienes esa capacidad de romper la magia de los momentos mágicos?-me reprochó.
Me encogí de hombros y le contesté.
-Nací así.
-Ah, yo pensaba que practicabas-se echó a reír. Miró el reloj y se levantó, apurada-Me tengo que ir. Mis padres llegarán ahora.
Se inclinó y nos besamos.
-Hasta mañana-la despedí.
-Chao-dijo, distraída.
Mientras casi corría hacía su casa. Permanecí sentado mientras observaba como se marchaba. Cuando solo fue un borrón en la distancia aparté la mirada y vi que la chica de antes me miraba, se levantaba y se acercaba.

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